domingo, 29 de diciembre de 2013

Castillo en el aire

Foto de Domingo Horcas

Existe un lugar en el cielo, justo en medio de la Nebulosa de Orión, donde flota mi castillo secreto.
Es una fortaleza inexpugnable en la que reino sin disimulos sobre mis fantasías. Lo encontré por casualidad durante una de mis excursiones a las nubes, en clase de química. Estaba abandonado, en ruinas, pero supe inmediatamente que era para mí.
Con los años lo he ido arreglando y por la noche, cuando enciendo las antorchas, parece una estrella más de Orión.
En su foso descansa mi barco pirata cuando vuelvo cargada de tesoros. Y en un rincón del patio de armas se levanta el pozo del que tengo que salir cuando la química que no estudié se rebela contra mí. También tengo mazmorras para encerrar a mis fantasmas si se portan mal y salones de baile en los que vuelo al compás de armónicas y violines. Desde sus almenas veo a Alfonsina frente al mar, a un principito contemplando puestas de sol y las señales de humo de los indios, avisándome de que baje a la tierra, que se enfría la cena.
Pero hay una cámara que siempre está fría, a pesar de alfombras y cortinajes. Es el salón del trono; sus paredes absorben el calor de la chimenea y no puedo pasar mucho tiempo allí, aunque Merlín me lo haya prescrito como medicina. Mi trono es soberbio y magnífico, tapizado de armiño y con rubíes incrustados. Cuando me siento en él noto cómo me inundan el valor y el coraje que tanto me faltan. Pero también me acarician cosquillas muy raras, como de ansias de poder y no me gusta.
Así que paso casi todo el tiempo entrando y saliendo del resto de sus cámaras, quitando el polvo y poniendo en orden las ideas que se me escapan.
Si algún día, fatigado de batallas, necesitas refugio, mándame una paloma mensajera para que me dé tiempo de dar la vuelta a los relojes de arena. Quién sabe, tal vez juntos podamos dar algo de calor a mi trono.


The Cranberries - "Just my imagination"

lunes, 23 de diciembre de 2013

Regalo de Navidad

zaragozaprensa.com

Me cogió las manos y las besó con ternura.

- Pídeme lo que quieras.
- ¿Lo que yo quiera?
- Lo que sea.
- Quiero… un ático.
- Hecho.
- En París.
- Muy bien.
- Con una terraza llena de hortensias blancas y azules. Y que se vea la Torre Eiffel.
- ¿Algo más?
- Amueblado y con cuadros de artistas bohemios.
- ¿Eso es todo?
- Y un bono de transporte y dinero para mis gastos, que en París hay mucho que ver y hacer.
- Va a ser mucho. Si se entera mi mujer me echará de casa.
- En mi ático siempre habrá un sofá para ti. Así que cómpramelo cómodo.
Me sonrió y nos abrazamos. Así me despedí de mi amigo y compañero durante los peores momentos de mi vida, del encierro que debía sanar mi mente enferma.
Salí de la clínica y me reencontré con mi familia. Subí al coche de mi hermana, de noche ya, y las calles que fuimos recorriendo me desconcertaron con sus colores y estrellas resplandecientes. La gente parecía tan feliz…
Hasta que comprendí: era Nochebuena.





Coldplay - "Christmas Lights"

viernes, 20 de diciembre de 2013

Mi capitán




Conocí a un capitán capaz de desafiar al viento para sostener una bandera, de poner en hora relojes de sol y de enseñarme a silbar.
Recuerdo cuando pasábamos los días juntos, saltando charcos. Lo recuerdo bien porque lo soñé anoche.
Pero sé que lo que nunca soñaré es el calor de la niebla que le envuelve… porque no lo recuerdo.




Jason Mraz - "Be honest"

martes, 10 de diciembre de 2013

Dignidad sin valor de mercado




El ruido le recordó que no era un día más, pero se levantó y repitió todas sus rutinas diarias. A las 7’20, como  todos los días, abrió la puerta para salir de casa e ir a trabajar. Salir… Un abismo se abría a sus pies.
Las máquinas habían demolido ya la mitad derecha del edificio. Sólo seguían en pie los pisos del lado izquierdo. No había contado a nadie sus intenciones y se había quedado en su casa, a pesar de la orden de desalojo. Atrás habían quedado los meses de lucha, de oposición a la expropiación forzosa para derribar el hogar de las cuarenta familias del bloque.
Pero ella decidió quedarse. No aceptó el justiprecio, maldita palabra infame y mentirosa. No había precio posible que pudiera compensar la expropiación del refugio de sus recuerdos, el lugar donde habían nacido sus ilusiones y sus sueños, los que habían volado para no volver y los que la saludaban en cada rincón de la casa que con tanto esfuerzo había construido entre las ramas del árbol de su vida. Y todo para ensanchar la acera de la calle. Despreció la miserable indemnización y remitió su rechazo al ayuntamiento.
Miró atrás para despedirse de su hogar, cerró los ojos y salió de casa.




Celtas Cortos - "Retales de una vida"

sábado, 30 de noviembre de 2013

Secreto de familia

http://issuu.com/penumbria/docs/penumbria_-_dieciocho_
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Relato incluido en el nº 18 de la Revista Penumbria



Mi abuelo ha muerto.
Han pasado demasiados años desde la disputa que acabó con mi expulsión de su vida y aquí estoy ahora, en su despacho. Tras tantos silencios y muros de incomprensión, no me ha sorprendido encontrar un cajón secreto en su escritorio; en su interior, sólo un plano de lo que parece un sótano, que, por la disposición del trazado, tiene que estar en el descuidado jardín. Y una llave.
He salido a mirar y no he encontrado nada, pero he sentido algo bajo la tierra, un lamento. He pegado el oído al césped y he escuchado unos gritos que me han estremecido. He corrido a buscar una pala y he empezado a cavar. Ha aparecido una trampilla. Ahora se oyen jadeos y pasos subiendo a la carrera una escalera.
Los golpes al otro lado me han sacado de mi estupor. Temblando he probado la llave en la cerradura y encaja. Otra vez los gritos. He dado una vuelta a la llave, pensando qué locura podía haber cometido mi abuelo. Los aullidos y los golpes son ahora insoportables, pero debo abrir la puerta y enfrentarme a la verdad. Segunda vuelta y la cerradura ha quedado desbloqueada. He retrocedido unos pasos y al abrirse de golpe la trampilla he comprendido al fin que, al echarme de su vida, mi abuelo me protegió…



Paper Aeroplanes - "Lost"

sábado, 23 de noviembre de 2013

En busca de la prudencia

 


Fue el último mensaje que le envié: “Te esperaré en el puerto hasta medianoche. Si vienes navegaremos juntos bajo bandera pirata; si no, cambiaré el barco por un acordeón”.

Y no vino... Y allí me quedé, sin barco y con un acordeón que no sabía tocar. Pesaba mucho, por cierto, y palpitaba como si tuviera corazón. Con el mío parado pensé que debía aprender a tocar algo para aparentar que estaba viva.

Intenté que sonara pero sólo conseguí arrancarle unos quejidos tan lastimeros que la tierra se abrió a mis pies y apareció un globo que fue ascendiendo. Tuve el tiempo justo de sentarme en un asiento que llevaba colgando antes de que subiera hasta las nubes.

Decidí disfrutar de mi paseo en columpio, con el viento soplándome en la cara, sin hacer caso de los buitres que pasaban a mi lado y se reían de mí. Y me dormí.

Al despertar me encontré sobre un árbol, enredada entre las ramas y unos salvajes me miraban sonriendo. ¿Dónde estaba? Me ayudaron a bajar y fueron tan amables que encendieron un fuego para que me calentara. Pero resultó que no eran atentos salvadores sino caníbales hambrientos. Lo comprendí cuando pusieron un caldero sobre la hoguera y me echaron dentro. Si no me hubieran maniatado les hubiera dado unos sopapos, pero sólo pude recriminarles su conducta, mientras se partían de risa.

Entre las lágrimas que me provocaba el humo del guiso pude ver que se acercaba alguien y que los salvajes le saludaban con mucho respeto. Por su vistoso atuendo comprendí que era el jefe de la tribu. “No estés tan seria”, me dijo. Y como seguía maniatada tampoco pude darle un tortazo a éste.

Me ayudó a salir del menú y le agradecí sus atenciones. “Es usted un caballero”, le dije y me desató. “Te sugiero prudencia…”, me aconsejó. Le di un beso y nos despedimos. Le regalé unos caramelos de limón que llevaba en el bolsillo y se quedó tan contento. Al irme rocé su mano sin querer y volví a sonreír, sin querer.

Y, cómo no, de repente desperté. Estaba aterida de frío, en el puerto, tras un enorme acordeón que apenas podía sostener. Recordé a mi héroe y me fui de allí, a buscarle donde fuera que estuviera, segura de que existía y me estaba esperando porque yo, experta en heladas nocturnas, tenía mucho calor que ofrecerle.

 Prudencia… ¿Sería una isla?

Quiero un barco, por si vienes,
un acordeón para latir,
un globo para escapar,
un columpio para crecer
y un héroe para soñar.




Pauline Croze - "T'es beau"