miércoles, 28 de agosto de 2013

Fuga



¿Nos fugamos? La miró sorprendido mientras ella le sostenía la mirada. No contestó pero sonrió imaginándolo y ella suspiró feliz.




Anna Kendrick - "Cups"


lunes, 26 de agosto de 2013

La pequeña detective

Cuando de pequeña me preguntaban “Pati, ¿qué quieres ser de mayor?” siempre respondía que escritora detective. Lo decía convencida y mi vocación era tan fuerte que todos sonreían y pensaban que era cosa de la poca edad y que ya se me pasaría.

Aprendí de los grandes. Holmes, Hércules Poirot y la señorita Marple fueron mis primeros maestros y con ellos debajo del brazo deambulaba por los rincones, usando mis pequeñas células grises y encontrando todo lo que se perdía en casa: gafas, llaves, nada se me resistía. Incluso descubrí el lío de mi abuelo con la vecina… Aunque jamás se lo conté a nadie. 

A los doce años escribí mi primer relato serio, “El hombre de la linterna”, desmontando la leyenda urbana del barrio. Las luces que parpadeaban desde la ventana de la casa abandonada no eran cosa del espíritu de un niño asesinado sino del padre de mi vecino Arturito, que era un cachondo y nos aterrorizaba con su linterna por las noches.

Después de ese éxito, mi abuelo, tal vez sospechando que la niña sabía más de la cuenta, decidió que mis lecturas tenían que evolucionar y me regaló el libro que lo cambió todo, “Los tres mosqueteros”. Me enamoré de D’Artagnan. Sherlock y sus colegas quedaron olvidados en la estantería de mi habitación y pasé el resto de mi vida buscando a mi capitán. 

Con los años lo encontré, pero ya no era un valiente mosquetero sino el Cardenal Richelieu. No me sorprendió porque tampoco yo era Constanza; la vida me había convertido en Milady de Winter. Pero ésa... es otra historia…




Luz Casal – “Entre mis recuerdos”

viernes, 23 de agosto de 2013

Secretos de la vida







Compré un cuaderno y en la tapa escribí como título “Secretos de la vida: Atrévete a contar el tuyo”.

Escribí el primer secreto, el mío: “Me siento tan diminuta que, si no fuera porque sus abrazos me hacen crecer, me habría extinguido”.

Salí de casa y tomé el tranvía. Sin que nadie reparara en mí, dejé el cuaderno sobre un asiento y retrocedí hasta otro desde el que podía verlo. Pasé la mañana haciendo el recorrido de la línea y viendo como jóvenes, mayores y niños lo cogían y escribían concentrados.

Al mediodía lo recogí y, sin atreverme a abrirlo, me lo llevé a casa. Allí, curiosa, empecé a leer.

– “A veces me altera hasta la locura, pero no podría vivir sin ella”.
– “Después de 50 años, aún me preocupo cuando sale de casa, por si no vuelve”.
– “Me gustan los bocadillos de chorizo con chocolate”.
– “Cuando nadie me ve, hablo sola. ¿Y qué?”.
– “Por ella sería capaz hasta de ducharme todos los días”.
– “Me gusta la sonrisa de sus ojos, pero nunca se lo podré decir”.

He dejado de sentirme sola porque he entendido que, debajo de nuestras máscaras, todos buscamos lo mismo: seguridad, un poquito de cariño, algo de comprensión... Ahora, cuando subo al tranvía, observo las caras de las personas que me rodean y les sonrío imaginando sus secretos. Y sé que algunas se dan cuenta porque me devuelven la sonrisa.

Y tú, ¿me cuentas tu secreto?





Jess Penner - "All Smiles"

miércoles, 21 de agosto de 2013

Misión en Brissac



Tras mi Puerta existe un lugar llamado La Memoria del Tiempo que conecta mi mundo y la vida real. 

Búscalo y entra. Te recibirá Gaston, mi fiel amigo y cómplice. Si le caes bien te contará mis aventuras y te explicará cómo contratar mis servicios. Porque yo soy una sombra... especialista en pasar desapercibida y escarbar entre secretos y laberintos. Servicio discreto y confidencial.

Dentro de la librería, detrás del estante de las obras sobre la Filosofía del Mal, hay un cajón secreto. Gaston guarda allí el relato de todos mis casos, convirtiendo a La Memoria del Tiempo en la guardiana de mis huellas por el lado oscuro.

Acaba de terminar la redacción de mi último trabajo. Léelo antes de que lo encierre en el cajón.


viernes, 16 de agosto de 2013

Clase en el parque

 

Hacía tiempo que la observaba en el parque, leyendo muy concentrada, mientras vendía algún globo. Supo que era estudiante de Filosofía y que sólo le faltaba un examen para terminar la carrera. Contó los globos, sacó la cartera y, poniendo unos billetes en su mano, le dijo: “Que vuelen lejos”.




Sophie Madeleine - "The rhythm you started"

Publicado en 50 palabras - 3 julio 2013.  http://www.cincuentapalabras.com/2013/07/clase-en-el-parque.html


Ilustración  de Africa / FreeDigitalPhotos.net 

Vivir mirando las nubes



Voló alto, todo lo que pudo, y, cuando dejó de llorar, planeó lentamente en círculos para bajar al fondo del pozo y recoger su alma.

Pero como tenía callos en las manos de trepar para salir cada vez que se caía, sus fantasmas le excavaron una escalera.

Y saltó a la calle descalza para sentir cada paso, aunque doliera, y aprendió a caminar mirando las nubes.

Allí encontró sus viejos patines, los engrasó, se los puso…  y ya nadie la paró ni cuesta arriba.






Coralie Clément - "C'est la Vie"

Foto: © Domingo Horcas