jueves, 26 de septiembre de 2013

Infierno


Afilé la espada, bruñí el escudo y seguí el rastro de tu estrella, dispuesta a enfrentarme a un ejército de fantasmas para recuperarte. 
Descendí el desfiladero y abrí la puerta del infierno. Entré y me estremeció el frío de las penas puestas a secar.
Recuperé mi desconsuelo, le di el escaso calor que me quedaba y me guió por el Túnel de la Locura, camino del combate. 
Agonizando en un rincón, con el eco de sus risas en mis oídos, te imaginé junto a mí, levantándome... Y se curaron mis heridas. 
Con el alma sobrecogida, creyéndome un espectro más, los Guardianes me abrieron las Puertas de la Desesperación. 
Y allí estabas, ciego entre susurros retorcidos, enredado en una telaraña de espanto que mis lágrimas no pudieron penetrar.  
Trepé por la maraña hasta ti, guiada por tu estertor, y cobijé entre mis manos tu corazón transformado en piedra negra. 
Al contacto de tu corazón helado, el mío se paró un instante y absorbió la furia que tu alma de guerrero aún desprendía. 
Tarareando nuestra canción, me adentré en la oscuridad, sin guía que seguir pero segura de llegar hasta el final. 
El eco amplificaba y repetía el sonido de mis pasos y transformé mi energía en la de un ejército ávido de sangre y victoria. 
Un muro me detuvo y, tanteando en la oscuridad, encontré la cadena de una campana. La toqué y su tañido despertó el horror. 
Cegada por el halo de seres informes y gritando con todas mis fuerzas, me lancé girando la espada hacia mi trastornado final. 
Y aquí quedé, sin luz, condenada a la eternidad, pero aún con el brillo del orgullo en mis ojos y tu corazón junto al mío. 





KT Tunstall - "Throw me a rope"

domingo, 22 de septiembre de 2013

Amor verdadero



Llegué a casa después de un horrible día de trabajo: discusión con mi jefa, risitas del batallón de los trepas, cabeza alta y a hacer como que no me afectaba… En fin, lo de todos los días.

Abrí la puerta y, antes de quitar la llave de la cerradura, mi chico ya me estaba abrazando y diciéndome que qué bien que ya había vuelto el ángel de su corazón… ¿Soy malpensada por imaginar inmediatamente que pasaba algo gordo?

- ¿Viene tu madre a cenar?, pregunté con un hilo de voz.
- No, es que te he echado de menos.
- Anda, dime ya qué pasa, que estoy muy cansada.
- Como me dijiste que te fallaba el disco de las copias de seguridad…
- ¿Has tocado mi ordenador?
- Síiii…

Fui corriendo a verlo. Mi pobre ordenador, abierto, destripado, con olor a chamusquina…

- ¿Y el disco de las copias?
- También muerto.

Las fotos, los correos… y mis relatos, bendita terapia recomendada en la Clínica López Ibor para mantener a raya el gallinero de mi cabeza, todo perdido.

Y allí estaba, mi informático profesional, mirándome con cara de perrito abandonado con la esperanza de ser adoptado.

¿Qué debía hacer? Contemplé su sonrisa temblorosa, sus ojos pícaros y recordé por qué, sólo con saber que está junto a mí, veo el cielo lleno de estrellas. Así que me agarré a su brazo y le pedí que me llevara a cenar al restaurante griego, nuestro favorito.




JJ Heller - "Boat Song"

Foto: Domingo Horcas

lunes, 16 de septiembre de 2013

Cita soñada


Desperté una mañana y encontré una nota sobre la almohada que decía “Te espero”, pero no tuve dudas de que estaba soñando y rompí el papel.

Me levanté y me duché y al salir de la bañera vi que el vapor había formado una frase en el espejo, “Ven, por favor”. Tranquilamente la borré con la toalla.

Para desayunar preparé café y abrí la nevera con hambre. Mágicamente apareció una tarta con una palabra de nata, “Encuéntrame”. Corté el pedazo del “me” y me lo comí. Después miré por la ventana para ver qué tal día hacía y admiré lo bien hecho que estaba ese sueño al ver las nubes formando un “No estoy lejos”.

Decidí seguir con mis rutinas, así que salí y camino del trabajo fui leyendo los nombres de las calles: “Te echo de menos”, “Dame la mano”, “Te necesito”. Un niño que pasaba me cogió del brazo y me dijo “No vayas a trabajar, ve al parque” y salió corriendo. Pensé que no tenía nada que perder porque aún faltaba un rato para que sonara el despertador y allí me dirigí.

El parque estaba desierto y me senté en un banco desde el que podía contemplar cómo trabajaba un jardinero. Le vi cortar malas hierbas, podar con cuidado, regar y cortar la rosa más bonita. Se acercó a mí y me la ofreció. Desde lejos ya había intuido que era él y temblé al aceptar la flor.

- Vámonos de aquí – me pidió.

- ¿Adónde?

- Donde tú quieras.

Pensé un momento y no dudé: Quédemonos aquí.

                                                         Y olvidé que tenía que despertar.




Wild Child - "Pillow Talk"




sábado, 7 de septiembre de 2013

El reloj



Adelina tenía una pasión: la restauración. Encontró un reloj de pared precioso con un marco de madera tallado pero muy estropeado.
Se lo llevó al taller y lo contempló. La maquinaria parecía estar en buen estado. La limpió y engrasó y lo puso en hora. A la una vio fascinada que sonaba una campanada y que se abría un cajón disimulado en la parte inferior. De él salió una mosca enorme. Intentó abrirlo de nuevo y no pudo. Por más que buscó resortes ocultos, no encontró ninguna rendija ni botón que accionar.
A las dos sonaron dos campanadas, se abrió el cajón y salieron volando dos moscones. Agitó el reloj pero no parecía haber nada en su interior. Olvidó ir a comer y siguió dándole vueltas. Pasaron las horas y siguió repitiéndose el ritual: campanadas y mismo número de moscas que se quedaban revoloteando sobre ella.
La trabajadora social estaba preocupada. Hacía dos días que Adelina no había aparecido por el centro ni a la hora de comer. Fue a su casa y empujó la puerta. Ahí estaba, rodeada de los montones de cachivaches que recogía en la basura, muerta y con un velo negro que, zumbando, flotaba sobre ella.



Ana Torroja - "Tiempo"

martes, 3 de septiembre de 2013

La Ermitaña del Faro




Huyendo de mi infortunio, me mudé y tomé posesión del viejo faro, dispuesta a vigilar cada uno de tus movimientos, esperándote. Para que me encontraras ajusté el parpadeo de la linterna al bombeo de mi corazón y empezó a transmitir señales que pudieran guiarte. 
Hasta mí vinieron las criaturas de la noche para consolarme, pero ninguno de sus remedios me devolvió la serenidad. Sin rendirme, aprendí morse para emitir mensajes de esperanza que te hicieran comprender la luz de mi mirada. Pero todo fue en vano ya que no hallé ningún indicio de que hubieras reparado en mi ausencia.

Pasó el tiempo y no perdí la costumbre de vigilar la noche, experta en desesperanza y anhelos. La Ermitaña del Faro me llamaban los habitantes del mar y me saludaban al pasar junto a mis acantilados.

Y una noche apareció un velero en el horizonte. Encendí la linterna, lancé mis señales y esperé tranquila. Te reconocí y corrí a la playa, me lancé al mar y nadé a tu encuentro.

Me sacaste del agua y me arropaste para calmar mis temblores. Me habías buscado por medio mundo para llevarme a casa. 

Te necesito, dijiste entre abrazos, besos y caricias. Todo volverá a ser igual... Igual, no era eso lo que necesitaba escuchar y mi esperanza se perdió para siempre.

En la playa, bajo la luz de la luna, nos despedimos. Te besé sin rencor y volví al faro, refugio de mi soledad. 




KT Tunstall - "Feel it all"


Foto de Prozac1 / FreeDigitalPhotos.net