domingo, 22 de septiembre de 2013

Amor verdadero



Llegué a casa después de un horrible día de trabajo: discusión con mi jefa, risitas del batallón de los trepas, cabeza alta y a hacer como que no me afectaba… En fin, lo de todos los días.

Abrí la puerta y, antes de quitar la llave de la cerradura, mi chico ya me estaba abrazando y diciéndome que qué bien que ya había vuelto el ángel de su corazón… ¿Soy malpensada por imaginar inmediatamente que pasaba algo gordo?

- ¿Viene tu madre a cenar?, pregunté con un hilo de voz.
- No, es que te he echado de menos.
- Anda, dime ya qué pasa, que estoy muy cansada.
- Como me dijiste que te fallaba el disco de las copias de seguridad…
- ¿Has tocado mi ordenador?
- Síiii…

Fui corriendo a verlo. Mi pobre ordenador, abierto, destripado, con olor a chamusquina…

- ¿Y el disco de las copias?
- También muerto.

Las fotos, los correos… y mis relatos, bendita terapia recomendada en la Clínica López Ibor para mantener a raya el gallinero de mi cabeza, todo perdido.

Y allí estaba, mi informático profesional, mirándome con cara de perrito abandonado con la esperanza de ser adoptado.

¿Qué debía hacer? Contemplé su sonrisa temblorosa, sus ojos pícaros y recordé por qué, sólo con saber que está junto a mí, veo el cielo lleno de estrellas. Así que me agarré a su brazo y le pedí que me llevara a cenar al restaurante griego, nuestro favorito.




JJ Heller - "Boat Song"

Foto: Domingo Horcas

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