jueves, 26 de septiembre de 2013

Infierno


Afilé la espada, bruñí el escudo y seguí el rastro de tu estrella, dispuesta a enfrentarme a un ejército de fantasmas para recuperarte. 
Descendí el desfiladero y abrí la puerta del infierno. Entré y me estremeció el frío de las penas puestas a secar.
Recuperé mi desconsuelo, le di el escaso calor que me quedaba y me guió por el Túnel de la Locura, camino del combate. 
Agonizando en un rincón, con el eco de sus risas en mis oídos, te imaginé junto a mí, levantándome... Y se curaron mis heridas. 
Con el alma sobrecogida, creyéndome un espectro más, los Guardianes me abrieron las Puertas de la Desesperación. 
Y allí estabas, ciego entre susurros retorcidos, enredado en una telaraña de espanto que mis lágrimas no pudieron penetrar.  
Trepé por la maraña hasta ti, guiada por tu estertor, y cobijé entre mis manos tu corazón transformado en piedra negra. 
Al contacto de tu corazón helado, el mío se paró un instante y absorbió la furia que tu alma de guerrero aún desprendía. 
Tarareando nuestra canción, me adentré en la oscuridad, sin guía que seguir pero segura de llegar hasta el final. 
El eco amplificaba y repetía el sonido de mis pasos y transformé mi energía en la de un ejército ávido de sangre y victoria. 
Un muro me detuvo y, tanteando en la oscuridad, encontré la cadena de una campana. La toqué y su tañido despertó el horror. 
Cegada por el halo de seres informes y gritando con todas mis fuerzas, me lancé girando la espada hacia mi trastornado final. 
Y aquí quedé, sin luz, condenada a la eternidad, pero aún con el brillo del orgullo en mis ojos y tu corazón junto al mío. 





KT Tunstall - "Throw me a rope"

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