martes, 3 de septiembre de 2013

La Ermitaña del Faro




Huyendo de mi infortunio, me mudé y tomé posesión del viejo faro, dispuesta a vigilar cada uno de tus movimientos, esperándote. Para que me encontraras ajusté el parpadeo de la linterna al bombeo de mi corazón y empezó a transmitir señales que pudieran guiarte. 
Hasta mí vinieron las criaturas de la noche para consolarme, pero ninguno de sus remedios me devolvió la serenidad. Sin rendirme, aprendí morse para emitir mensajes de esperanza que te hicieran comprender la luz de mi mirada. Pero todo fue en vano ya que no hallé ningún indicio de que hubieras reparado en mi ausencia.

Pasó el tiempo y no perdí la costumbre de vigilar la noche, experta en desesperanza y anhelos. La Ermitaña del Faro me llamaban los habitantes del mar y me saludaban al pasar junto a mis acantilados.

Y una noche apareció un velero en el horizonte. Encendí la linterna, lancé mis señales y esperé tranquila. Te reconocí y corrí a la playa, me lancé al mar y nadé a tu encuentro.

Me sacaste del agua y me arropaste para calmar mis temblores. Me habías buscado por medio mundo para llevarme a casa. 

Te necesito, dijiste entre abrazos, besos y caricias. Todo volverá a ser igual... Igual, no era eso lo que necesitaba escuchar y mi esperanza se perdió para siempre.

En la playa, bajo la luz de la luna, nos despedimos. Te besé sin rencor y volví al faro, refugio de mi soledad. 




KT Tunstall - "Feel it all"


Foto de Prozac1 / FreeDigitalPhotos.net

2 comentarios :

  1. Patricia,

    Yo siempre tengo reproches hacia mi persona sobre porque no finalizo de leer libros físicos en un menor tiempo al que lo hago y cuando encuentro historias tan fabulosas y llenas de melancolía, remembranza, tristeza y progreso en el personaje: mi batalla se calma.

    ¡Felicidades por tan extraordinario cuento!

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    1. Leonardo, muchas gracias por tu comentario. Me anima a seguir aprendiendo para mejorar y encontrar mi lugar.
      Un abrazo,
      Patricia

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