martes, 29 de octubre de 2013

Sueñan los peces?



En las noches sin luna, al paso de estrellas fugaces,  los peces del estanque saltan y hacen cabriolas fuera del agua. Es entonces cuando piden sus deseos y la brisa se los lleva sobre olas de espuma.
Cuenta una leyenda que el pez más pequeño del estanque soñaba con ser un fiero guerrero y así se lo pidió a una estrella fugaz. Justo cuando la magia estaba empezando a actuar, un gato se asomó, vio al pececillo y se lo comió. Desde entonces un salvaje gato montés guarda el estanque y nadie se atreve a molestar a sus peces. 



                                





Sophie Madeleine - "Stars"

sábado, 26 de octubre de 2013

Ruinas



Audio realizado por La Voz Silenciosa para La Esfera Cultural


Gracias a aquellas vacaciones volvimos a ser una familia…

Juan y yo necesitábamos reencontrarnos. Los meses de hospital habían ido minando nuestra relación por el sentimiento de culpabilidad que ambos arrastrábamos, incapaces de unir nuestro dolor para superarlo.

Decidimos marcharnos de vacaciones lejos de todo y alquilamos una casa en un pueblo casi deshabitado. Nosotros solos con los niños.

Llegamos de noche y, ya estábamos todos en la cama, cuando escuchamos golpes en la puerta. Nuestra casera nos explicó que por error había alquilado la casa a la vez a otra persona. Nos preguntó que si nos importaría dejar que durmiera con nosotros esa noche ya que había habitaciones de sobra. Era un anciano de pelo blanco, demacrado y con el cansancio reflejado en cada poro de su piel.

Estuvimos de acuerdo y le dejamos pasar. Nos contó que era profesor de arqueología, que estaba jubilado y que quería realizar un trabajo de campo en la zona.

A la mañana siguiente le propusimos que se quedara. La casa era muy grande y nosotros íbamos a estar casi siempre fuera.

Todos los días salíamos a explorar los senderos de las montañas cercanas. Una tarde, al volver, los niños vieron al profesor cavando en una pradera. A pesar de mis gritos de que no le molestaran, corrieron hasta él para ver qué estaba haciendo. Les recibió con una sonrisa y les explicó que estaba buscando una ciudad romana.

Así supimos que llevaba toda la vida investigando sobre una ciudad que se había evaporado de la historia sin dejar rastro. Había llegado a la conclusión de que tenía que haber estado en esa zona y de que había desaparecido tras un terremoto. Pero le habían negado los fondos y no tenía más recursos que sus manos para poder probar su hipótesis.

Los niños se entusiasmaron tanto con su proyecto que decidimos ayudarle y, diariamente, nos íbamos con él, encantados de aprender lo que nos iba enseñando sobre geología e historia. Cavamos, limpiamos piedras, trazamos mapas… Un trabajo de equipo,  intenso, alegre y emocionante que, poco a poco, fue fortaleciendo los lazos de mi maltrecha familia.

Una noche me quedé sola con él. Me cogió la mano y me preguntó, ¿Qué pasó?  Y, por primera vez sin llorar, pude contar cómo había ocurrido el accidente y cómo mi pequeñita había muerto en mis brazos, aprisionadas las dos entre los hierros del coche. Me abrazó tan fuerte y de tal forma que sentí cómo quedaban apuntaladas para siempre las ruinas de mi alma.

Unos días después también él apuntaló sus ruinas. Aparecieron en un bosque, ocultas por árboles centenarios. Realizamos algunas catas y él supo interpretar lo que íbamos desenterrando como indicios fiables de que, al fin, había encontrado su ciudad. Llamó a la universidad y nuestra casa se llenó de investigadores y estudiantes.

Nosotros nos fuimos, contentos, cantando durante todo el viaje de vuelta.

- Esta canción era la preferida de Alicia, ¿te acuerdas, mamá?

- Sí, hijo mío. Vamos a cantarla otra vez.




Helen Austin - "Let the Sunshine"


martes, 22 de octubre de 2013

Semillas de olvido



Era tanto su dolor que trepó al árbol más alto para que nadie la viera y, desde allí, sus lágrimas regaron semillas de olvido.

De las semillas del olvido creció un bosque de recuerdos y la luz de la luna los transformó en suspiros sin voz.

Los suspiros mudos escaparon con el viento y al pasar junto al mar atraparon el murmullo de las olas para cantar a las estrellas.

Y las estrellas, al ritmo de las canciones marinas, bailaron alrededor del árbol que ocultaba el secreto de una decepción.

Un espíritu travieso vio el círculo de luz sobre el árbol y voló entre las estrellas para jugar, pero no pudo molestarlas.

Las estrellas, concentradas, protegían con su luz el sueño de un amor que nunca sería y que sólo podía llorar para regar semillas de olvido.




Amaral - "Olvido"


Foto: Domingo Horcas


sábado, 19 de octubre de 2013

La venganza del mago


https://drive.google.com/file/d/0B3MLDATj8t8uYXl5djlOV3JVaEE/edit?usp=sharing
Clic para descargar
Mi cuento "La venganza del mago" entre los finalistas del Concurso de microcuentos "Las Historias, Palabras.Lab y Ciudad Mínima".

La venganza del mago

Le dolían los huesos. Era lo único en lo que podía pensar y le impedía concentrarse como antes, cuando triunfaba con sus trucos de magia en los teatros de todo el país.

A pesar de sus éxitos,  tenía que seguir trabajando, aunque ya tenía edad para retirarse. Porque vivió siempre el momento, sin preocuparse por el mañana, y ahora pagaba las consecuencias teniendo que actuar en ese infame local para subsistir.

Cada noche realizaba su representación durante el descanso de la función de cabaret. Podía soportar las risas cuando los trucos fallaban; pero no podía perdonar las burlas del pianista, que le reventaba los números con sus melodías satíricas en los momentos cruciales.

No lo aguantaba más. Había estado practicando el truco toda la semana, memorizando cada paso y nada podía fallar. Llegó el descanso y subió al escenario.

“Esta noche necesito la colaboración de nuestro simpático pianista”, comunicó al público, a lo que él se prestó divertido. Rápidamente lo cubrió con una tela negra, recitó unas palabras mágicas y, al retirarla, obtuvo la mayor ovación de su vida.

Frente al teatro, los bomberos bajaron al pianista del árbol; desenganchar el piano de las ramas fue más difícil.
 

 Descarga de la Antología completa:

domingo, 6 de octubre de 2013

La cazadora



Cuando el jefe de la tribu la llamó y le ofreció el puesto de jefe de cazadores creyó que soñaba. Era un puesto de hombres pero nadie como ella, le reconoció, sabía encontrar el rastro del venado y obtener las mejores piezas con un solo tiro de su arco.
Su pago sería un gran tipi que empezarían a construir al año siguiente, cuando hubieran reunido pieles suficientes para cubrirlo.
Con gran ilusión comenzó su misión, guiando a los cazadores por praderas y bosques, obteniendo grandes y hermosas piezas de caza que colmaron las necesidades de la tribu durante todo el invierno.
Llegó la primavera y vio entusiasmada que empezaba la construcción de la tienda. Pero el jefe la llamó y le comunicó que ésa no era la suya. Tenían que instalar antes a un nuevo chamán; pero al año siguiente le tocaría a ella el mejor tipi que se hubiera levantado nunca en el poblado.
Pasó el verano, otra estación invernal y contempló estupefacta que los hombres se dedicaban a ampliar la tienda del brujo. Fue a pedir explicaciones al jefe de la tribu y la echó sin contemplaciones. ¡Cuando se pueda!, le gritó.
Ella, sabiendo lo importante que era la caza para la supervivencia de su pueblo, supuso que sus compañeros, al conocer la injusticia, la apoyarían. Pero nada de eso ocurrió. El joven chamán les había encandilado con su verborrea sin significado y sus promesas de vidas en praderas celestiales.
Abatida decidió vengarse. Subió a la montaña sagrada buscando el consejo de los verdaderos dioses y esperó. Al anochecer un águila se posó sobre su brazo y la miró fijamente a los ojos. Comprendió.
Bajó, recogió su arco y las flechas y se marchó sin mirar atrás ni decir adiós. Ésa era la mejor venganza.


Tom's Cabin - "The brave"