sábado, 30 de noviembre de 2013

Secreto de familia

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Relato incluido en el nº 18 de la Revista Penumbria



Mi abuelo ha muerto.
Han pasado demasiados años desde la disputa que acabó con mi expulsión de su vida y aquí estoy ahora, en su despacho. Tras tantos silencios y muros de incomprensión, no me ha sorprendido encontrar un cajón secreto en su escritorio; en su interior, sólo un plano de lo que parece un sótano, que, por la disposición del trazado, tiene que estar en el descuidado jardín. Y una llave.
He salido a mirar y no he encontrado nada, pero he sentido algo bajo la tierra, un lamento. He pegado el oído al césped y he escuchado unos gritos que me han estremecido. He corrido a buscar una pala y he empezado a cavar. Ha aparecido una trampilla. Ahora se oyen jadeos y pasos subiendo a la carrera una escalera.
Los golpes al otro lado me han sacado de mi estupor. Temblando he probado la llave en la cerradura y encaja. Otra vez los gritos. He dado una vuelta a la llave, pensando qué locura podía haber cometido mi abuelo. Los aullidos y los golpes son ahora insoportables, pero debo abrir la puerta y enfrentarme a la verdad. Segunda vuelta y la cerradura ha quedado desbloqueada. He retrocedido unos pasos y al abrirse de golpe la trampilla he comprendido al fin que, al echarme de su vida, mi abuelo me protegió…



Paper Aeroplanes - "Lost"

sábado, 23 de noviembre de 2013

En busca de la prudencia

 


Fue el último mensaje que le envié: “Te esperaré en el puerto hasta medianoche. Si vienes navegaremos juntos bajo bandera pirata; si no, cambiaré el barco por un acordeón”.

Y no vino... Y allí me quedé, sin barco y con un acordeón que no sabía tocar. Pesaba mucho, por cierto, y palpitaba como si tuviera corazón. Con el mío parado pensé que debía aprender a tocar algo para aparentar que estaba viva.

Intenté que sonara pero sólo conseguí arrancarle unos quejidos tan lastimeros que la tierra se abrió a mis pies y apareció un globo que fue ascendiendo. Tuve el tiempo justo de sentarme en un asiento que llevaba colgando antes de que subiera hasta las nubes.

Decidí disfrutar de mi paseo en columpio, con el viento soplándome en la cara, sin hacer caso de los buitres que pasaban a mi lado y se reían de mí. Y me dormí.

Al despertar me encontré sobre un árbol, enredada entre las ramas y unos salvajes me miraban sonriendo. ¿Dónde estaba? Me ayudaron a bajar y fueron tan amables que encendieron un fuego para que me calentara. Pero resultó que no eran atentos salvadores sino caníbales hambrientos. Lo comprendí cuando pusieron un caldero sobre la hoguera y me echaron dentro. Si no me hubieran maniatado les hubiera dado unos sopapos, pero sólo pude recriminarles su conducta, mientras se partían de risa.

Entre las lágrimas que me provocaba el humo del guiso pude ver que se acercaba alguien y que los salvajes le saludaban con mucho respeto. Por su vistoso atuendo comprendí que era el jefe de la tribu. “No estés tan seria”, me dijo. Y como seguía maniatada tampoco pude darle un tortazo a éste.

Me ayudó a salir del menú y le agradecí sus atenciones. “Es usted un caballero”, le dije y me desató. “Te sugiero prudencia…”, me aconsejó. Le di un beso y nos despedimos. Le regalé unos caramelos de limón que llevaba en el bolsillo y se quedó tan contento. Al irme rocé su mano sin querer y volví a sonreír, sin querer.

Y, cómo no, de repente desperté. Estaba aterida de frío, en el puerto, tras un enorme acordeón que apenas podía sostener. Recordé a mi héroe y me fui de allí, a buscarle donde fuera que estuviera, segura de que existía y me estaba esperando porque yo, experta en heladas nocturnas, tenía mucho calor que ofrecerle.

 Prudencia… ¿Sería una isla?

Quiero un barco, por si vienes,
un acordeón para latir,
un globo para escapar,
un columpio para crecer
y un héroe para soñar.




Pauline Croze - "T'es beau"

 

sábado, 16 de noviembre de 2013

Suspiros de escoba

Amy W



Le gustaba pasar volando por delante de la ventana del poeta. Él la saludaba y suspiraba y le hacía sentirse la bruja más hermosa.
Una noche no le encontró y, pensando que ya no le gustaba, aterrizó llorando sobre su azotea. Allí él la esperaba con una botella de champán. 




Hayley Taylor - "Felt like love"


Publicado en Cincuenta palabras - 12/10/2013

sábado, 9 de noviembre de 2013

Cierzo

     


He bajado la última caja al coche y ya puedo marcharme. Pero antes tengo que enterrar a Cierzo.
Era un perro precioso, un San Bernardo grande y medio ciego a causa de sus años. Vivíamos juntos desde que era un cachorro y era mi mejor amigo y compañero.
Todo empezó el mismo día de nuestra mudanza. Él estaba nervioso, olisqueando cada baldosa y tomando posesión, a su manera, del piso. De repente empezó a aullar y se me pegó a las piernas temblando. Jamás había hecho algo así y busqué la causa de su miedo. Desde la puerta abierta del piso nos miraba desafiante un hombre repulsivo que se fue gateando al piso de enfrente cuando se vio descubierto.
Pregunté por él a otros vecinos y me advirtieron sobre su locura. Cierzo ladraba muy nervioso cuando sentía su presencia en el rellano y yo le reñía porque no tenía nada que temer.
Una noche me despertaron sus aullidos, comprendí que estaba llorando y me levanté. Abrí la puerta del dormitorio, encendí la luz y el horror me paralizó. Cierzo yacía sobre un charco de sangre que manaba de su garganta abierta mientras aquel individuo nauseabundo la lamía ávidamente.   


Shawn Colvin - "I never saw blue like that"

sábado, 2 de noviembre de 2013

Ella


Todo tiene un comienzo y un final. Y éste es el principio del fin de mi amigo Gaston, mi fiel cómplice en la librería, La Memoria del Tiempo.
Sin él estaría perdida, igual que una vez él lo estuvo. Años más tarde le conocí y, desde entonces, es mi ángel de la guarda.



Me va a explotar la cabeza. Y no se callan. Me gritan para que hable y ni siquiera puedo pensar ni recordar cómo me han traído hasta aquí. Sólo la veo a ella. Ella...

Tienen el manuscrito. ¿Qué más quieren que diga? Que quiénes son mis cómplices, a quién iba a entregárselo. Cómo explicarles que no tenía ningún plan. Sólo me lo llevé, sin saber que haría después. Por ella...

Ella, que me ha dejado tirado. Cómo me duele la cabeza...  ¿Qué hará cuando se entere? Nada, lo sé. Lo sé ahora, cómo he podido caer así.  Sólo quería estar con ella, demostrarle que podía estar a la altura.

No les escucho, ¿por qué no me dejan en paz? Que hagan lo que tengan que hacer, que me lleven donde tengan que llevarme, pero que se callen. No puedo quitarme su risa de la cabeza, me estoy volviendo loco. Ella...

Y mi padre, ¿qué le voy a decir? ¿Que con lo que sacara del libro iba a devolverle el préstamo para el doctorado? No, era todo para ella… Ella.

La imagino con un martillo, riéndose, golpeándome la cabeza sin parar… Ella.

- Deja de llorar y vamos a empezar otra vez. ¿Nombre?
- Gaston Bouchet.
- ¿Edad?
- 23 años.
- ¿Ocupación?
- Becario de la Biblioteca Nacional.


Keith Urban - "Tonight I wanna cry"




Foto: ©Domingo Horcas