jueves, 5 de junio de 2014

La exploradora



A los cinco años pidió una máquina de escribir a los Reyes Magos. La había visto en la foto de una revista, en casa de una escritora. Así que la recortó y la pegó en la carta para que los reyes no se confundieran. Y se la dejaron, una bonita Olivetti Lettera 35 roja y reluciente.

El día que la estrenó, escribiendo despacio con sus deditos que titubeaban buscando las letras, abrió la puerta del laberinto. Allí la esperaban princesas, dragones, brujas, caballeros y hadas que le enseñaron a no rendirse, aunque se equivocara de camino mil veces, porque allí siempre estaban ellos para darle la mano y ayudarla a seguir avanzando.

Cada vez que cerraba una puerta, abría otra, arponeando historias con las teclas de su Olivetti. Se convirtió en la capitana de un ejército de aventureros que extendieron su laberinto levantando nuevos muros y tendiendo puentes sobre precipicios y ciénagas.

Ya no encuentra cintas de recambio para su máquina y sus nietos, incapaces de convencerla para que la cambie por un ordenador sin alma, recorren la red para comprar en lugares remotos las últimas unidades. Saben que, aunque le muestren la salida, ella nunca saldrá del laberinto.



Juan Perro - "Cuatro cuentos"

1 comentario :

  1. Gran personaje y gran homenaje a ese instrumento de escritura que ha llenado muchas de nuestras horas y nos ha marcado. Todo el mundo tenía una Olivetti, la que a mí me compraron era otra marca, pero me gustaba porque era diferente a todas. Marca Silver Reed, de color naranja. Todavía la conservo.
    Un abrazo, escritora

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