jueves, 26 de junio de 2014

Paraíso


La celda era tan pequeña que sólo había espacio para el jergón y el cubo. Apenas estaba iluminada por una bombilla azul que irradiaba una luz fantasmal sobre los muros de hormigón. Las grietas del suelo crujían cada vez que me movía, como si gritaran al mundo que aún estaba vivo. Y una colonia de arañas había tomado posesión del techo, formando con sus telas enmarañados laberintos, preparados para atrapar mi razón e impedir que escapara de mi castigo.

Pero olía a humedad. Su hedor verde me traspasaba la piel, giraba en mi cabeza y me mareaba hasta hacerme atravesar las telarañas y volar fuera de la prisión.

Así descubrí que el lugar que me confinaba se encontraba sobre un peñón en medio del océano. Sus paredes escarpadas estaban salpicadas de brillantes flores amarillas que despedían reflejos de sol que, al mezclarse con el azul de las aguas, transformaban el mar en un espejo verde esmeralda. Las gaviotas anidaban entre las rocas y los polluelos piaban felices al mediodía, saludando el paso de delfines y sirenas.

Y yo, tras mis salidas, volvía tranquilo, seguro de que nada malo podría ocurrirme en mi isla.



Phil Collins - "Another Day in Paradise"

2 comentarios :

  1. Siempre hay diferentes formas de ver las cosas y el que no se contenta es porque no quiere.
    Eres una narradora de raza, de las buenas, da gusto leerte.
    Un abrazo.

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  2. Hala, hala, voy a tener que subirte la comisión al 57% o más.
    Os dejo tranquilos una temporada, que me voy de pingo a pedalear por el Canal del Midi.
    Hasta la vuelta!

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