jueves, 11 de septiembre de 2014

Cantar del infierno

Penumbria es una revista mexicana de literatura fantástica y es para mí un honor que este relato haya sido incluido en su número 21.

http://issuu.com/penumbria/docs/penumbria_____21/1
Portada del artista Andrés Galindo

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Cantar del infierno


Partiste orgulloso una noche gris a cumplir con un destino obligado y prometí esperarte, guardando para ti mi corazón.
Pasé el tiempo esperando un regreso sin fecha que mortificaba mis noches tristes y prendía por el día la pena.
Pedí ayuda a los vientos y un cuervo trajo un eco subterráneo, latidos moribundos de penumbra sin amo.
Afilé bien la espada y el escudo bruñí, dispuesta a enfrentarme a ejércitos de fantasmas por ti.
Seguí el rastro agónico de tu estrella que, al descender por el desfiladero, se extinguió en la sombra que ocultaba la Puerta del Infierno.
Crucé un pórtico frío, el guardián de las penas recién amortajadas. Le hurté mi desconsuelo y lo mecí con ira despechada.
Al son de la bandera de mi rabia llegué frente a un batallón de arpías que torturaron mi terca razón hasta verme sin vida.
Tiritando en un pozo de agonía, sobre un eco de risas, te imaginé junto a mí, levantándome... Y curé mis heridas.
Alma sobrecogida, desfilando hacia mi última misión, descubrí en las tinieblas la Gruta de la Desesperación.
Allí te encontré, ciego, entre breves susurros retorcidos, encerrados en una telaraña, tejida por el espanto sus hilos.
Trepé por la maraña guiada por la fuerza y acaricié tu bravo corazón, ahora piedra negra.
Al tacto de tu corazón helado, el mío absorbió toda la energía, torrente enfurecido, que tu alma de guerrero aún desprendía.
Besé tus labios muertos para sellar promesas de venganza y busqué las tinieblas guiada por mi espada.
El eco amplificó las huellas sordas multiplicando pasos, envolviendo toda mi soledad en aullidos de un ejército airado.
Siguiendo una senda sin retorno por acantilados de oscuridad me detuve ante un muro del que una cadena pendía.
Su brillo predecía el horror que mi instinto aceptó al tirar de ella con ciega certeza de encontrar al fin mi último estertor.
El tañido de una campana abrió la tiniebla al grito de una jauría a la que me enfrenté con trastornada y hambrienta embestida.
Y aquí quedé, sin luz, condenada a la eternidad, con el brillo del orgullo en mis ojos  y tu corazón junto al mío.



Mäbu & Alex Ferreira - "Paralelo"

2 comentarios :

  1. Patricia, enhorabuena, por estar en esa revista con un precioso relato poético sobre una espera y una marcha agónica.

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  2. Gracias, Lorenzo. Pero soy consciente de que tengo que mejorarlo.
    Esta es la segunda versión.
    Abrazotes.

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