jueves, 23 de octubre de 2014

Arriba el telón

Ilustración de Miriam Jordán

Espejo, espejito mágico, esta noche tengo un presentimiento y tenemos que esmerarnos.
¿Sombra de ojos? Azul… Mucha, para que cuando me mire crea estar en el cielo.
La raya bajo el párpado, negra, muy negra… Un aire de misterio les vuelve locos.
Máscara de pestañas para estirarlas hasta la luna… Para que sepa que soy una romántica.
Mejillas embadurnadas de colorete para que las estrellitas queden bien pegadas y sus destellos le hagan creer que soy una criatura mágica.
Los labios, rojo pasión… Promesa de lo que va a encontrar.
Tú sabes que ya no quiero casas en Chelsea, ni dinero, ni estudiantes de Cambridge, ni millonarios que me lleven a África a cazar tigres con pieles de cordero. Sólo quiero un hombro que me regale su calor. Nada más.
¿Oyes la música? Ya han subido el telón y puede que ésta sea la noche en que mi suerte cambie y ya no me toque perder. Corre, espejito, termina de ponerme guapa, que tengo que cantar sólo para él. Para que sepa que conmigo la vida puede ser… ¡Un cabaret!


Liza Minelli - "Cabaret"

jueves, 16 de octubre de 2014

Evaluación de candidatos

Ilustración de Duda Dace

Las aguas del canal eran hipnóticas y pedalear bajo la sombra de los castaños, mágico. Por eso no me sorprendió encontrar una rana haciendo autoestop. La llevé hasta una charca y dudé, pero me dio asco besarla. Muchos besos después sigo preguntándome si no dejé escapar a mi príncipe azul. 



Sixpence None the Richer - "Kiss me"



Escrito para cincuentapalabras.com

martes, 7 de octubre de 2014

Palabras sobre la arena




Me había acostumbrado a vivir en el armario.
Allí no se oían las bombas ni los lamentos de los vecinos. Escondía la cara entre los abrigos viejos y su olor me transportaba a las tardes de juegos en el parque, a los cuentos del abuelo antes de dormir…
Pero mi refugio no pudo evitar que escuchara el espantoso aullido que desgarró nuestra casa. Durante unos segundos el tiempo se congeló, hasta que sentí cómo el armario entero descendía vertiginosamente y me tragaba una nube de polvo y gritos que no comprendía, aturdida entre muebles, libros y recuerdos desparramados entre una montaña de escombros.
Vinieron unos hombres vestidos de soldados y nos hicieron subir a un camión para llevarnos lejos. Nadie nos deseó buen viaje ni agitó pañuelos para despedirnos. 
Dijeron que éramos los elegidos, los que teníamos que soplar contra el viento para alcanzar la gloria. Ahora, por las noches, me escondo y espero entre las dunas que cercan el campamento. Cuando comienza la serenata de silbidos de los huesos sin nombre, las sombras sin dueño salen a bailar y me dejan un rato al abuelo, que me enseña a escribir palabras de paz sobre la arena.


La Ley - "Mi ley"