jueves, 27 de noviembre de 2014

Mindfulness

Micah Albert - "At the Dandora Dump" (Premio World Press 2013)




Me gustan las moscas. Sí, ya sé que resulta extraño. Pero es que con ajo y tomate están muy buenas. Desde que me alimento de ellas me siento ligera y volátil y veo la vida bajo otro prisma. Además son gratis y no multan por recogerlas del contenedor de basura.



Zaz - "Ces petits riens"





Escrito para cincuentapalabras.com

jueves, 20 de noviembre de 2014

Los asesinos de nariz postiza



Era mío y me lo mataron. Ahora tengo un hueco vacío y una tontera muy grande encima. Lo echo de menos, sobre todo por la noche, que hace más frío…
Yo era trapecista, la más audaz y atrevida del Circo de la Risa. Los aplausos atronaban la carpa con cada una de mis acrobacias y me hacían reír y volar muy alto. Y pasó lo inevitable… Los payasos se mosquearon.  Son las peores personas que habitan los circos, aunque tal vez no sea culpa suya. Tened en cuenta que, en realidad, es muy triste que su éxito dependa de que se rían de ellos. Al fin, son humanos.
Pusieron en mi contra a la dirección, que me exigió que devolviera el protagonismo de la risa a quien por derecho correspondía. No hice caso y seguí volando y provocando el entusiasmo de un público cada vez más entregado.
Y hasta ahí llegué. Cambiaron mi número por otro de focas cantarinas y me arrancaron el corazón. Me dijeron que, por necesidades de servicio, tenía que dejar la pista y dedicarme a la limpieza del carromato de los payasos. Y eso sí que no.
Partí al exilio y dejé abandonado un jardín que cuidaba, lleno de orquídeas y calabazas. Pero lo han arrasado y lo han inundado de sal para que nada vuelva a brotar de él. Así de mezquinos y envidiosos son los payasos, amigos. Sí, porque en el circo ahora mandan ellos y no soportan que el recuerdo de la pequeña trapecista aún arranque alguna sonrisa.
Si alguien tiene un corazón de sobra, que me lo mande, por favor, que hace frío en las barricadas. Las noches de guardia son muy largas y tengo miedo de acabar con la nariz roja, como ellos. Lo cuidaré bien, os lo prometo por mi alma fugitiva que nunca se rendirá y jamás será esclava de fantasmas con la cara pintada. Por mi trinchera, ¡no pasarán!



María José Hernández - "Guárdate"

jueves, 13 de noviembre de 2014

El monstruo bajo mi cama


Escrito para los amigos de @Micro_Ficcion
y @LiriTuits

¿Qué me hizo ser astronauta? Me lo preguntan muchas veces y nunca cuento la verdad.
 Me había acostumbrado a ser la rara del colegio, la marginada objeto de burlas. Crecí sin amigos y con el convencimiento de que era algo normal debido a mis extrañas circunstancias.
Mis dos padres me explicaban que éramos diferentes porque pertenecíamos a la raza de los valientes, de los que no se dejan amilanar por ser distintos y que mi color de piel y mis ojos rasgados acrecentaban la originalidad de nuestra pequeña familia sin madre.
El desánimo me invadía en cuanto ponía un pie fuera del castillo que habían creado para mí pero, al volver a casa y sentir su calor, enrollaba mis miedos en una bola y la escondía debajo de la cama.
Preocupados por mi carácter retraído, empezaron a hablarme de la Ley de la gravitación universal. Me explicaron que la luna se mantiene en el cielo sin caer sobre la Tierra porque nunca deja de girar y de moverse para vencer la fuerza que la atrae hacia nosotros. Y que era la misma fuerza que hacía que me cayera porque no me movía lo suficiente para volar por encima de la intransigencia.
Ensayé con ellos tantas veces el salto de trampolín que aprendimos a burlar la Ley de la gravedad y descubrimos que un mundo fascinante se escondía bajo las camas. Todo lo que se mantenía cuidadosamente oculto salía a flotar con nosotros en cuanto nos elevábamos y era el momento de meterlo en un saco y enterrarlo en lo más hondo del jardín.
Lo que nunca les confesé fue que debajo de mi cama vivía un monstruo. Era la bola de mis miedos y cobraba vida cada noche para saltar conmigo sobre el colchón. No lo enterré, nos hicimos amigos y me enseñó a saltar cada vez más alto para alcanzar la luna.
Con él todo cambió y comencé a ver la vida desde lo alto con un telescopio especial que construyó para mí. Así advertí que los que me rechazaban no eran más grandes que hormigas que iban y venían sin salirse de la fila que les había tocado seguir. Junto a él llené mi cabeza de proyectos y nunca más tuve miedo.
Y aquí estoy, comandando una nave interestelar rumbo a galaxias desconocidas mientras sigo saltando con mi monstruo peludo que nunca más ha vuelto a dormir bajo la cama.
 


Kina Grannis - "In your arms"

http://microficcionblog.wordpress.com/2014/10/30/el-monstruo-bajo-mi-cama/

jueves, 6 de noviembre de 2014

Billete de ida

Obra de Jamie Baldridge

Recordaba enternecida la ilusión y el temblor de su mano al recoger el billete. Le había gustado el número del camarote, el 115, y le contó que se iba a escapar con una mujer maravillosa para comenzar una nueva vida en América.
Cuando unos días después se presentó para devolverlo, no le preguntó nada. Le reintegró el importe y le sonrió.
El siguiente comprador le sorprendió por su mirada triste. Recogió el billete y se fue sin decir una palabra. Volvió unas horas después porque no podía hacerlo.
Aquella mujer parecía diferente. Tenía una mirada serena y una expresión tranquila. Le asignó el 115 y se la imaginó bailando con el capitán durante las largas noches de la travesía. Le entristeció verla regresar tres días después con el dolor en sus ojos y la súplica de que le permitiera devolverlo. Tampoco le preguntó nada y acarició al niño que se agarraba a su falda.
Era el único pasaje que no habían vendido. Sólo faltaba media hora para que el barco zarpara… nadie la esperaba en casa, ¿por qué no? Aceptó el reto que acababa de lanzarle el destino, se puso el abrigo y, sin equipaje, subió a bordo del Titanic.


Coque Malla & Jeanette - "Una moneda"

lunes, 3 de noviembre de 2014

Misión espacial



En Ganímedes no es delito escribir. Eso fue lo que me decidió a solicitar el puesto de guardiana del Faro Intergaláctico. Eso y que allí siempre es de noche y los sueños no tienen que esconderse avergonzados de existir. Eso y que allí puedo enviar mensajes de luz y esperarte.


Maldita Nerea - "Mira dentro"