jueves, 4 de diciembre de 2014

Billete de vuelta


Las campanadas del año nuevo me hacen llorar. Nunca superaré el recuerdo del sonido de la campana que nos llamaba en el silencio helado de aquella noche…  
Así que voy a esconderme en la terraza mientras los demás brindan con champán y despiden este maravilloso 1915, el mejor año de mi vida.
 ***
—Perdón, creía que no había nadie.
—Buenas noches. No se vaya, señorita, aquí hay sitio para dos melancólicos.
—¿Inglés?
—¿No me recuerda? Yo no he podido olvidarla.
—¿Nos conocemos?
—Me salvó la vida hace tres años, pero entonces no era actriz ni se llamaba Mary. Era una encantadora taquillera del puerto de Southampton.
—¡El chico triste que me devolvió el pasaje!
—Sí, no podía irme dejando a mi madre en el estado en que se encontraba. Esperé y tomé otro barco unos meses después. He pensado mucho en usted durante todo este tiempo y no esperaba reconocerla aquí, convertida en una estrella de cine.
—Subí al Titanic con su billete y sobreviví. Acepté el pasaje de vuelta que me ofrecía el destino, cambié de nombre, inventé una biografía más interesante y aquí estoy, ¿señor…?
—Soy Charlie, Charlie Chaplin. Feliz año nuevo, señorita Pickford.

Este relato es continuación de "Billete de ida"





Katie Melua - "Mary Pickford"  

4 comentarios :

  1. ¡Oh! Genial. Qué bien has jugado con el destino. Lo fatal se convierte en afortunado y, sin embargo, deja un poso de tristeza. Me ha encantado.

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    1. ¡Gracias, Juanjo! Es lo bueno de ser una cuentista, que se puede jugar con el destino y ganar.
      Un abrazo.

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  2. Estas son las palabras de un incondicional que improvisa una rima barata, pero no por ello menos cierta: contigo uno siempre se sorprende, disfruta y aprende. No me canso de leerlo.
    Un abrazo

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    1. Ay, Ángel si no existieras, te escribiría. Pero no serías para mi más héroe de lo que eres en la realidad. Aunque no me rime.
      Besotes.

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