sábado, 26 de diciembre de 2015

Al fin, Navidad



Por fin, otra Navidad. Cómo me gusta enviar los christmas, decorar la casa, comprar los regalos. Todo para ellos.
Porque, ¿qué sería de mí si me faltaran? Siempre pendientes de mí, inundando mi mundo con su cariño, orgullosos de las batallas que voy ganando a mi maltrecha salud.
Quiero que este año todo sea perfecto. He traído un gran abeto y lo he adornado con bolas de colores, estrellas y cajas, muchas cajas.
Debajo, los regalos. Tal vez no les sean útiles, pero lo que cuenta es el amor con el que los he elegido para cada uno de ellos.
Sólo me queda deshacerme de lo que ha sobrado. Lo enterraré en el mismo lugar en el que encontré el árbol. Es un sitio perfecto, una especie de cripta para olvidar lo que no necesito más.
Ahora, contemplando el salón a la luz de las velas, con la chimenea encendida y la música de fondo, estoy satisfecha. Todo está tal como lo había planeado.
Sus cabezas en círculo alrededor del árbol, sobre la alfombra, bien juntas para cantar los villancicos que nos gustan, con la pacífica sonrisa que dejan las pastillas de las cajas que tanto les preocupaba que me pudieran faltar. ¡Feliz Navidad, familia!


Lady Gaga - "White Christmas"

lunes, 21 de diciembre de 2015

El rastreador

http://iluminafrica.com/
Este relato ha sido finalista en el I Concurso de Microrrelatos Solidarios de la Fundación Ilumináfrica. Para mí es un gran orgullo poder contribuir con él a que se conozca la gran labor que este grupo de médicos y personal sanitario de Zaragoza realiza voluntariamente en el Chad. ¡Gracias por vuestro ejemplo! Pinchando sobre su logo podrás conocer más sobre su hermoso proyecto.
Los ganadores han sido Ángel Castillo, Olga Celemendi y Teresa Sueiro. ¡Enhorabuena!
 

EL RASTREADOR
Fotografía de Gregory Colbert


Se llama Faiz y no sabe cuántos años tiene. Cuando sea mayor va a ser rastreador. Seguirá las huellas de los elefantes y les prevendrá de los cazadores que los matan para robarles los colmillos.
Nunca ha visto uno, pero sabe que son muy grandes. Se lo ha contado su madre, a la que tampoco ha visto nunca. Más niña que mujer, no derramó ni una lágrima cuando la enfermera le curó las heridas de unos pies que habían andado descalzos durante días para traernos a su hijo.
Altiva y portadora de la dignidad que brota a puñados en esta tierra fuerte, reseca y luchadora, sólo me hizo una pregunta: ¿Puedes curarlo?
Le examiné con cuidado y asentí. Unas cataratas congénitas le habían cegado desde su primer instante de vida.
Acabo de quitarle las gasas. Sus ojos han sonreído al brillo de un mundo recién descubierto, al amor reflejado en la mirada de su madre y a la paz que ha teñido de orgullo mi alma.
Estad tranquilos, elefantes. El rastreador os encontrará.


H'Sao - "Aimer d'Amour"

jueves, 17 de diciembre de 2015

La llamada nocturna

Brom - "Diablo"


Llevaba días soñando con un demonio. Siempre la misma escena: le disparaba, el proyectil le perforaba el cráneo y me despertaba el sonido de mi móvil. Esa noche lo desconecté para saber cómo terminaba la pesadilla. No desperté porque la bala que siempre rebotaba sobre mí ya no encontró cobertura.   


Kraftwerk - "The telephone call" 


 https://itun.es/mx/j1Kw9.l


Relato incluido en la Antología "50 Demonios".

Descarga gratuita en iTunes (pincha sobre la portada).

jueves, 10 de diciembre de 2015

Pétalos de piedra


Obra de Rebeca Saray


Yo quería una espada,
pero la Dama del Lago me entregó una corona en llamas.
Acepté mi destino y prendí con ella la hoguera del olvido.

Yo quería una espada,
pero sólo saqué del herrero un columpio en el árbol del ahorcado.
Seguí su vaivén y me reveló el secreto del viento.

Yo quería una espada,
pero el capitán se rió de mí y me regaló una piedra de colores.
Al mirarla en la oscuridad, los cuervos graznaron.

Seguí el canto de las sombras,
sin espada, pero armada con el peso de un puñado de cenizas,
la luz de una piedra y el eco de un secreto.

Llegué al desierto prohibido
y, entre las dunas, me hirió una lluvia de fragmentos de cristal
que gritaban las letras de mi nombre.

Mi sangre se mezcló con las cenizas del olvido,
impregnó la piedra de mil colores
y escribí con su luz el secreto del viento sobre la arena.

Vino la brisa
y se transformó en torbellino que jugó con mi razón
hasta convertir en flor de piedra todo mi rencor.

Ocupé el lugar de los vencidos, bajo la rosa del desierto,
y bebí la sangre del águila
para volar sobre la espada que ya no quiero tener.



Julieta Venegas - "Ese camino"