jueves, 30 de abril de 2015

Suspiros de Madeleine


No habían exagerado; la fila daba la vuelta al convento.
Entró. Las monjas despachaban sonrientes las magdalenas que habían enloquecido a media ciudad.
Se identificó y entró en la cocina. Exigió la receta y la madre superiora se la recitó tras quitarse el delantal y tirarlo en un rincón: Trituramos penas, elevamos sueños y horneamos con amor.
Probó una y su ceño de inspector de Sanidad se borró al instante. Suspiró y se fue a hacer fila con los demás clientes.
Las monjas rieron y recogieron el delantal que tapaba a María, su planta de hojas largas y puntiagudas, como los brazos de una estrella.




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