jueves, 15 de octubre de 2015

El Callejón del Silencio (I)

Elena Dudina - "El desierto"


Era estrecho y oscuro. Nunca había reparado en él, a pesar de abrirse en medio de la Gran Vía, entre la floristería y el elegante taller de costura de la célebre Pilar Pardo. Todas las tardes, al salir del conservatorio, me paraba delante del gran escaparate de su tienda. Mientras contemplaba embobada los maniquíes, soñaba con el vestido perfecto, el que encargaría algún día para mi debut en el Auditorio.
Aquella tarde pasé como siempre por delante del callejón, sin verlo, directa hacia el nuevo modelo que dos dependientas estaban colocando en medio del ventanal. Lo había encontrado: negro, hombros al aire, mangas amplias de encaje y una falda de capas de gasa en cascada. ¡Un vestido para volar tocando el violín!
Entonces la oí. Una melodía triste que sonaba dentro del callejón. Me asomé y, al fondo, vi a un hombre ante la mansión desvencijada que cerraba el corredor abierto entre las casas de la avenida. Avancé y me dejé llevar por las hermosas notas que escapaban de su acordeón. Cerré los ojos, igual que él, y tuve la sensación de que el tiempo se había parado dentro de las sombras que nos envolvían.
Cuando terminó la canción volví a la realidad y le contemplé a la escasa luz que llegaba desde la calle principal. Viejo, melena blanca y arrugas hasta en su mirada vacía, que me hizo comprender que era ciego.
Me agaché y deposité unas monedas en su sombrero. Sin decir nada me di la vuelta y, al llegar junto al escaparate de la tienda, escuché su voz dándome las gracias. En ese momento leí el nombre escrito en un letrero de cerámica sobre la pared, “Callejón del Silencio”, e, impresionada todavía por la música brillante que seguía girando en mi cabeza, no pude evitar un escalofrío.
Tras los instantes que había pasado en la penumbra, me costó caminar bajo la luz intensa de la tarde. Llegué a casa y bajé las persianas. Olvidé las partituras que tenía que estudiar y practiqué durante varias horas la melodía que no podía dejar de tararear.

Continuará

3 comentarios :

  1. Un regalo por entregas. No me perderé las siguientes. Eres una grata cajita de sorpresas.
    Un abrazo

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  2. Gracias, Eva y Ángel. Habrá dos entregas más. ¡Os espero!

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