jueves, 29 de octubre de 2015

El Callejón del Silencio (y III)


  Capítulo I            
Capítulo II           
     

Dediqué la mañana siguiente a intentar aliviarme los ojos con baños de manzanilla. Por la tarde, antes de mi hora habitual de salida, llamaron a la puerta. Era un repartidor que me entregó una caja alargada. La llevé al dormitorio y la abrí. 
 Casi no veía, como si un velo negro hubiera caído sobre mis ojos, pero reconocí al instante de qué se trataba. Era mi vestido, el mismo precioso vestido que soñaba con llevar en mi debut ante el público. Y entendí el mensaje.
Me lo puse y me imaginé ante el espejo que casi no me devolvía ya ningún reflejo. Con el estuche del violín bien agarrado bajo el brazo, salí de casa al anochecer, manteniendo los ojos cerrados durante todo el camino que sabía recorrer de memoria.
En el callejón no había nadie, pero la puerta de la casa abandonada estaba abierta. Entré y escuché su voz:
—Adelante, Violeta. Toma asiento.
Me senté en la única silla libre, en medio de los violinistas, tras los que una hilera de violonchelistas cerraba un espectral semicírculo de miradas vacías.
—Señores, ha llegado nuestro primer violín. La orquesta está completa. Toquemos.
Dio un par de golpes con la batuta sobre el atril y, a su señal, comenzamos a interpretar al maestro Piazzolla como nunca nadie lo había hecho. Las notas del “Libertango” detuvieron el tiempo y, lentamente, echaron el telón sobre mis ojos para siempre.


Astor Piazzolla - "Libertango"


http://issuu.com/efraimblanco/docs/ldd-oscuridad                

            


Relato publicado en la Antología "Viaje a la Oscuridad", de la Editorial Lengua de Diablo

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