jueves, 26 de noviembre de 2015

Perdices bajo el carbón




Cuenta las cabezas: seis. Falta una; el deslenguado ha vuelto a escaparse. Volverá, como siempre, arrastrando el gorro de cascabeles y llorando en silencio. También ella regresó con los sueños hechos jirones. El príncipe no necesita niñas mojigatas ni bufones mudos. Volverá y seguirán encontrándose, sin prisa, debajo del carbón.



LP - "Muddy waters"

http://www.cincuentapalabras.com/2015/11/perdices-bajo-el-carbon.html 
Escrito para cincuentapalabras.com 

jueves, 19 de noviembre de 2015

Cómo triunfar con 50 palabras

Diseño y cubierta del extraordinario artista Ignacio Urtiaga
Descarga gratuita pinchando sobre la imagen


Mi aportación al Prólogo de "El mundo en Cincuenta Palabras" - Edición de Alejandro Garaizar (Selección de relatos publicados en el portal "Cincuenta Palabras" durante el último año).


Hace dos años que disfruto del universo de Cincuenta Palabras. Me gusta paladear los relatos,  extraerles el jugo y comentarlos con sus autores para aprender de ellos. Mis análisis y reflexiones me han permitido descubrir que, para triunfar con un texto, sólo hace falta una cosa: tener una gallina en la cabeza.
Sí, con una buena gallina ponedora no te faltará materia prima para cocinar una historia redonda con el número exacto de palabras.
Debes cuidar de ella con amor, alimentarla con detalles que la inspiren, darle calor mientras empolla esa gran idea que necesitas y comprenderla cuando se atasca y el huevo no sale.
¿Ahí acaba su misión? Te recomiendo seguir siempre sus sabios consejos porque, reconócelo, ¿sabes más de huevos que ella, que los ha parido? Pero allá tú si crees que, por tener un cerebro mayor, sabes más que un ave de corral.
Ese cacareo interior te guiará en la elección de la forma de presentación más apropiada en cada caso.
Hay huevos de yema consistente que requieren una cocción lenta para dejar sensaciones de plenitud, de esas que llenan durante días. Para aprender esta técnica puedes leer a José Antonio Barrionuevo, Juana Mª Igarreta, Ángel Saiz Mora, Beto Monte Ros, María Jesús Briones, Rafael Domingo, FNR,  Isidro Moreno, Antonio B. y muchos más.
Otros, en cambio, tienen una clara en la que brillan palabras que acarician mientras las lees, como demuestran cocineros de la talla de Malu, Maest, Pablo Núñez, Enrique Mochón, Andrés Galindo, María Jesús Rodríguez, Notincgas, Margarita del Brezo, Sandra Rebrij, Salvador Esteve…
También los hay con cáscara resplandeciente, que como un huevo de pascua, esconden una sorpresa en su interior. Si te gustan los de este tipo, desmenuza las recetas de La Marca Amarilla, Luis San José, Rosy Val, Rafa Olivares, Ignacio Urtiaga, Matrioska y tantos otros.
No te voy a negar que existe el riesgo de que los huevos queden duros o pasados por agua. En ese caso puedes desplumar a tu gallina y fabricarte un sombrero de plumas. Es lo que he hecho yo para regalar reverencias vistosas y elegantes a los cuentistas que me dejan con la boca abierta.
No he hablado de la gallina de los huevos de oro porque aún no la he encontrado. ¿Será la tuya? No lo dudes más, adopta una gallina, ponte el delantal y entra en la cocina creativa de Cincuenta Palabras.
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Descarga "El mundo en Cincuenta Palabras", sigue los golpes de tambor con los que el Capitán Garaizar nos marca el ritmo y sube con nosotros al tejado de la imaginación.


Emily Hearn - "Rooftop"

jueves, 12 de noviembre de 2015

La palabra del cronista

Karl Gussow - "El sonido del mar"

Finjo ser un fantasma. Eso me permite deambular por todas las estancias sin que nadie repare en mí. Les veo entrar y salir con caras sombrías, escucho sus conversaciones entrecortadas y espío los temores que invaden sus sueños.
Así he sabido que se avecina una guerra, que los hombres quieren vengar a la princesa. Limpian las armas, planean emboscadas, prometen recompensas… Mientras, las mujeres llenan la despensa, preparan el ajuar de los soldados, lloran y rezan por el alma de la niña muerta.
La sala de juegos está cerrada. Sólo yo arropo a las muñecas en sus camitas y les canto para que no tengan miedo de la caracola que les susurra desde el alféizar de la ventana, donde ella la dejó.
Ella… Era tan hermosa como el trino del ruiseñor, su pelo tenía el brillo del sol y su piel de nácar hacía palidecer de envidia a la luna. Aunque aún era muy joven, la pretendían los príncipes de los cuatros reinos y ella se reía de todos, sin hacerles caso, porque quería ser navegante.
Pasaba las horas estudiando mapas y cartas marinas, soñando con los lugares que recorrería y las aventuras que le esperaban. Su padre, el rey, enternecido por el carácter intrépido de su hija, quiso regalarle el murmullo del mar para que acunara sus sueños y mandó buscar una caracola. No fue fácil encontrar una tan lejos de la costa; el príncipe del Reino Perdido descubrió una en un desván olvidado de su castillo y se la envió.
Se convirtió en su tesoro más preciado. Pasaba tanto tiempo escuchándola que, sin darse cuenta, aprendió el lenguaje secreto de las olas. Pero no eran las del mar, como creían todos, sino las del tiempo, que aprisionaban al temible señor de un reino prohibido y enterrado hacía cientos de años.
Él le prometió que le mostraría las maravillas de su tierra sepultada y ella se dejó seducir por su voz de terciopelo. Preparó en secreto su viaje y una noche sin luna abrió la ventana, subió al alféizar y se lanzó hacia los brazos de un viento que se ofreció a guiarla a través de las rendijas del tiempo.
A la mañana siguiente encontraron su cuerpo inerte flotando sobre las aguas del foso. Nadie sabe la verdad y echan la culpa al Reino Perdido por haber enviado el objeto maldito que la trastornó.
Yo la amaba, como todos. Nunca supe si me quería, aunque me enseñó a escribir y eso tiene que significar algo. Me prometió que me llevaría en todos sus viajes y me pidió que fuera el cronista de sus aventuras. Le aseguré que la acompañaría hasta el fin del mundo y que daría por ella hasta mi última palabra.
Lo único que puedo contar es que aquella noche salté tras ella, que el viento que se la llevaba me empujó y que se me escurrió entre los dedos. Dicen que de ese viaje no se regresa, pero yo dedico todas mis horas a escuchar los murmullos de la caracola, atento a cualquier señal, preparado para abrir la ventana en cuanto ella decida volver.
Sólo entonces terminaré esta crónica y podré escribir mi última palabra, la que llevo guardando para ella toda la eternidad: juntos.



Zaz - "Belle" 

http://revistascribere.es/wp-content/uploads/2015/09/Scribere-n%C3%BAmero-21.pdf





Escrito para la Revista Scribere 

jueves, 5 de noviembre de 2015

Cuentos de almohada

Nathalia Suellen - "Astillada"

Era de noche. Llovía sobre mis sueños y las llamas de un dragón pintaron un arcoíris encima de mi cabeza. El malvado vigilante de las sombras hacía su ronda, burlé el tintineo de sus cadenas y trepé hasta las brasas de tus ojos. Desde entonces, mis sueños son de colores.  


Rebeca Jiménez - "Despertarme contigo"

http://www.cincuentapalabras.com/2015/10/cuentos-de-almohada.html
Escrito para cincuentapalabras.com