jueves, 22 de diciembre de 2016

Iguácel en Penumbria 36

https://issuu.com/penumbria/docs/penumbria36
Portada de Jovanna Plata Almeida


Esta Navidad he recibido un regalo. ¿Papá Noel? ¿Santa Claus? ¿Cthulhu?
¡No! ¡Los chicos de la revista Penumbria y los Comicólogos! Ellos me han dado la sorpresa de incluir mi relato “Iguácel” en su número 36, dedicado a los superpoderes.
Para mí siempre es una gran alegría ser publicada en Penumbria, pero, esta vez, el orgullo me está haciendo volar. Echa un vistazo a sus páginas y me comprenderás.
La magnífica portada, obra de Jovanna Plata Almeida, anticipa lo que vas a encontrar: personajes con superpoderes que, tal vez, no sean como esperabas y que te van a hacer reflexionar sobre lo que significa ser diferente. ¿Comprendemos a quienes se apartan de la norma? ¿Les agradecemos lo suficiente su poder para equilibrar el mundo?
Aquí vas a encontrar relatos fantásticos, historias en formato cómic, ilustraciones y hasta vídeos del grupo de los Comicólogos que te harán profundizar en el universo comiquero.
Puedo afirmar que he leído en estas páginas algunos de los relatos más bellos y fascinantes que ha publicado Penumbria desde sus inicios. ¿Exagerada? Sí, sí, pincha en la portada para acceder a Penumbria 36, empieza a leer y verás.
Además del trabajo de Jovanna, también te maravillarán las ilustraciones de Donatella T. Miranda y Ele Palma. Y las historias de Ricardo Bernal, Hugo Lara, Andros Erik Rodríguez Aguilera, Gilberto Isaac Rivera López, Diego García, Antolín Hernández, Carlos Enrique Saldivar, Quidec Pacheco, Eric González Alpizar, Francisco Javier Pérez Ruiz, Ramón Fernández Ayarzagoitia, Diana Beláustegui, Andrés Galindo, Pok Manero, Sol Ébano, Sergio F.S. Sixtos, Ricardo González, Abraham Villaseñor, Arriezu Zatorre y Miguel Lupián.
Sí, yo también pienso que hay muy pocas chicas, pero sus aportaciones son tremendas.
Aquí me quedo, releyendo Penumbria 36 y emocionada porque si la Navidad ha empezado así… ¿cómo acabará?



¡Monstruosa Navidad autómatas del pantano verdinegro!

Bob Dylan - "Must be Santa"

jueves, 15 de diciembre de 2016

Comida de empresa


Adoro la Navidad. Y me gusta, sobre todo, cómo la celebramos en la fábrica. Antes de la comida de empresa jugamos al “amigo invisible”, pero no al modo tradicional, sino a una variante que se le ocurrió hace unos años a María Jesús, la morenita de Contabilidad, que siempre ha tenido mucha imaginación.  
Nos reunimos en la Sala de Producción, con las máquinas paradas y las mesas dispuestas para el convite. Todos llevamos una tarjeta doblada y el gerente, después de comprobar que no llevan nada escrito y que son, por tanto, válidas, las echa a una bolsa de terciopelo negro. Apenas podemos contener los nervios esperando a don Ernesto, que siempre llega tarde.
Cuando por fin asoma por la puerta, le recibimos con una salva de aplausos.  Él, muy ceremonioso, introduce la última cartulina, la suya, que lleva escrita la palabra “Amigo”. Cierra la bolsa, la gira varias veces para que se mezcle bien su contenido y nos la vamos pasando.
Uno por uno sacamos una tarjeta, hasta que un afortunado encuentra el codiciado billete. Tras enseñarlo, triunfal, se marcha entre vítores con don Ernesto y los demás nos sentamos a las mesas para iniciar el banquete.
Esta es mi última Navidad y me apena, pero mientras acompaño a don Ernesto por el pasillo del Área de Despiece, me llena de orgullo saber que voy a alimentar el sentimiento de pertenencia a esta gran empresa. ¡Feliz Navidad, compañeros!


Michael Bublé - "Santa Claus is coming to town"

jueves, 8 de diciembre de 2016

La mujer del cuaderno

Dibujo de Casey Baugh



Cuando el abuelo se jubiló, se retiró a Los Almendros y juró que nunca saldría de la finca, pues nada debía ya al mundo exterior. Allí tenía todo lo necesario para pasar lo que le quedara de vida dedicado a sus aficiones: el dibujo y la floricultura.
Los años de reclusión no hicieron mella en su ánimo, a pesar de vivir solo casi todo el año. Toleraba la presencia de Elvira, una mujer del pueblo que un día a la semana acudía a hacer la limpieza de la casa, como un mal necesario para mantener la independencia de su paraíso, constantemente amenazado por su hija, nuestra madre, que había prometido encerrarlo en una residencia a la menor señal de abandono de las normas del orden y la higiene.
A nosotros nos gustaba pasar con él parte de las vacaciones estivales. Asaltábamos Los Almendros y, bajo su escasa vigilancia, disfrutábamos de una libertad impensable en la ciudad. A las correrías con los chicos del pueblo sumábamos sus lecciones de dibujo. Sólo yo había heredado su habilidad para el retrato y pasaba las tardes con él perfeccionando mi técnica.
Un día descubrí en su estudio un montón de cuadernos repletos de apuntes de un rostro de mujer. Le pregunté quién era y, tras cerrar la puerta del armario con llave, me dijo que sólo era un fantasma. No volvimos a mencionarla y pasamos la tarde dibujando orquídeas, su gran pasión.
Ni las actividades ni el carácter de mi abuelo podían describirse como los de un héroe. Tal vez, por eso, el suceso extraordinario que cambió nuestras vidas no obtuvo el reconocimiento que merecía y sólo provocó incomprensión.
Hacía unos días que habíamos vuelto a la ciudad y él había recuperado la tranquilidad de sus costumbres de ermitaño, que incluían deambular por toda la finca en pijama y no pisar la bañera hasta que la visita semanal de Elvira le obligaba.
Aquella noche encendió la televisión a la hora del noticiario y ante sus ojos apareció el rostro que había dibujado tantas veces. Contempló por primera vez sus arrugas, las canas, la expresión sombría, pero no tuvo ninguna duda, era ella. Prestó atención y escuchó que iba a pasar la noche en los calabozos de la comisaría hasta que, por la mañana, la trasladaran a la cárcel provincial.
Hizo un ramo con sus mejores orquídeas y, tal como iba, sacó del cobertizo el ciclomotor que mi padre había regalado a mi hermano aquel verano por haber terminado el bachillerato. Una ráfaga de lucidez le hizo imaginar el escándalo que iba a organizar mi madre cuando se enterara de su salida nocturna y, en aras de la seguridad, se colocó el casco que me había tocado en una rifa del pueblo.
Y así fue como, a lomos de una motocicleta, en pijama y con un casco de vikingo en la cabeza, mi abuelo rompió su juramento y, tras quince años de encierro, salió de Los Almendros. 
Condujo toda la noche y llegó frente a la sede de la policía justo cuando aquella mujer estaba siendo escoltada a un furgón blindado. Corrió hacia ella, le entregó el ramo de flores, extendió la mano y ella se la aceptó. Corrieron juntos, ante la estupefacción de los agentes, y escaparon en el ciclomotor.
Mi madre fue la que avisó a las fuerzas del orden, que se personaron en la finca para llevarse a la prófuga.
No hemos vuelto a Los Almendros. Después de que recluyeran al abuelo en la residencia, cerraron la casa. Pero sé que, de algún modo, sigue cuidando de sus flores porque siempre tiene un ramo de orquídeas frescas sobre la mesilla, junto al cuaderno en el que sigue dibujando a esa mujer que dicen que se parece tanto a mí.




Willie Nelson - "Georgia on my mind"

jueves, 1 de diciembre de 2016

La sombra del Señor Oscuro

POEMA FINALISTA EN EL IX CERTAMEN INTERNACIONAL DE POESÍA FANTÁSTICA MINATURA 2017

http://www.servercronos.net/bloglgc/media/blogs/minatura/pdf/ActaJuradoPoesiamiNatura2017.pdf


Yaroslav Gerzhedovich - "Autorretrato"



La escarcha envuelve pisadas
amortiguando el crujido de los días,
ajena al preludio del falso manantial.

Lo dicen los ojos del Señor Oscuro:
bajo las aguas, siempre es invierno.

No habla, sólo mira.
Sus ojos escrutan los renglones no escritos
para desplegar sus armas el primero.

No tiene sombra.
Hace mucho tiempo que la olvidó
entre los escombros del crepúsculo.

Mira imperturbable su reflejo vacío
y remueve las aguas con la espada, como advertencia.

La brevedad del temblor del círculo antes del giro,
entre certezas subterráneas,
cabe en el suspiro del acero.

Y como la sensatez del eco
que sangra sobre el tambor,
el destello hilvana eclipses de neón.

Pequeño nenúfar,
no llames la atención del Señor Oscuro.




Kerry Ingram - "It's always summer under the sea" (Juego de Tronos)

It's always summer, under the sea
I know, I know, oh, oh, oh
The birds have scales, and the fish take wing
I know, I know, oh, oh, oh
The rain is dry, and the snow falls up
I know, I know, oh, oh, oh
The stones crack open, the water burns
The shadows come to dance, my lord
The shadows come to play
The shadows come to dance, my lord
The shadows come to stay