miércoles, 23 de marzo de 2016

Ciudad de dragones

Fotografía de Javier Chueca Cía


Desde que nos abandonaron nadie ha vuelto a mirar al cielo. Les llamo por la noche, cuando más falta me hacen, pero no responden a mis ruegos.
Fuimos suyos y ellos, nuestros. Guardaban los sueños con los que construíamos realidades mágicas, pero les traicionamos y dejamos que los santos los cazaran.
Todo se desmoronó y no quedan ni las ruinas de lo que fuimos. Imploramos su perdón, rematando las verjas de la Casa de la Sabiduría con su imagen, en señal de duelo, demasiado tarde.
Sé que nunca volverán. Ahora los gobernadores de las sombras han derribado los árboles centenarios que flanqueaban el río que hubo que soterrar porque mantenía el reflejo de su vuelo majestuoso. Las hojas todavía susurraban sus nombres, llamándolos al anochecer.
Ya no quedan testigos de su grandeza. Sólo yo les saludo cada mañana y les doy los buenos días para que sepan que aún queda alguien que les recuerda en esta ciudad.


Epica - "Solitary ground"

viernes, 18 de marzo de 2016

Génesis



Todo comenzó con un picor entre los dedos. No le di importancia hasta que se formó la roncha morada. Pensé que era producto de un golpe y que iría desapareciendo, pero creció hasta alcanzar el tamaño de una canica. A través de la piel percibí un fluido estrellado y, al observarlo con una lupa, descubrí que un universo germinaba en la palma de mi mano. En su centro, un planeta azul, habitado por seres diminutos, se afanaba por levantar espléndidas ciudades que brillaban iluminadas por los astros.
El día que se desprendió ya sabía lo que tenía que hacer y, con una palmada, escapé silbando de la divinidad.




R.E.M. - "Losing my religion"

jueves, 10 de marzo de 2016

El cuarto de la plancha



Mi abuela es una mujer de las de antes. De las que tenían lavadero en la galería, que fabricaban su propio jabón y que bordaban las sábanas con sus iniciales. De las que, cuando desaparecía su marido, aseguraban que estaba en viaje de negocios y de las que no derramaban ni una lágrima al contar que, un buen día, se le olvidó volver.
A pesar de su edad, sigue manteniendo el cuarto de la plancha, en el que no deja que entre nadie. Ella es la que ordena la ropa blanca, la que cambia los membrillos que perfuman los armarios y la que canta cuando airea esos huesos tan viejos que esconde en el fondo del baúl de las mantas.


Fréhel - "Si tu n'étais pas là"

domingo, 6 de marzo de 2016

La espía

Estación de Canfranc (Huesca)


Soy espía y tengo miedo. Hace días que me vigila: ronda mi casa, me sigue por el pueblo… Desde que he salido del túnel tengo un presentimiento. Si me ha visto recoger el sobre que llevo escondido bajo la falda, estaré perdida. ¿Qué es eso? He oído algo a mi espalda. Tengo que llegar cuanto antes a la estación. Ya veo las vías, voy a correr…
“¡Alto a la guardia civil!” Sigo corriendo y subo justo cuando el tren silba para anunciar su salida, pero una mano me retiene por detrás: “Toma, Lola. Se te ha caído”. Y el guardia me entrega el sobre que he perdido con los secretos de la Resistencia.
Y ahora, sentada en el Canfranero, camino de Zaragoza para entregar los documentos, la risa se me escapa a carcajadas y tengo que ponerme seria conmigo misma para recordarme que soy espía… y debo tener miedo.


     En Canfranc, durante la Segunda Guerra Mundial, un grupo de héroes anónimos se jugaron la vida en nombre de la libertad. ¿No lo sabías? Una de esas personas fue Lola Pardo, una valiente chica de 17 años, que, sólo unos años antes de su muerte, se atrevió a confesar a su familia que ella y su hermana Pilar habían sido espías de la Resistencia. 
En este enlace puedes leer más sobre su extraordinaria historia. 




Y en varios momentos de este breve resumen del documental "Juego de espías" puedes escuchar a la auténtica Lola.