jueves, 14 de julio de 2016

La guardesa



Venía con la casa. La agente inmobiliaria no la mencionó, seguramente, por miedo a perder la venta.
Nos volvió locos en cuanto llegamos con nuestras cajas y estos muebles que no le gustan. Se dedicó a cambiar las cosas de sitio, a su gusto, hasta que descubrimos que había alguien más.
Las alegres cortinas del comedor, blancas con florecillas silvestres, le entusiasmaron y se instaló detrás de ellas. Fue el único cambio de la casa que aprobó y ahí nos espera impaciente durante todo el día, escondida. A la hora de cenar se sienta a la mesa con nosotros, se interesa por nuestros problemas, nos da consejos y nos cuenta la historia de la casa y de sus moradores.
Así hemos sabido que su marido construyó la mansión para ella y que vivieron juntos muy felices hasta la desgracia. La llama así, “la dessssgraaaaciaaaa”, arrastrando las sílabas de una forma que debería darnos miedo, pero que sólo consigue hacernos reír.
Tras la desgracia, ella se quedó como ama de llaves de las muchas familias que han pasado por aquí, buenas personas, aunque descreídas. A pesar de sus advertencias, todas acabaron por abrir la puerta escondida en la cuadra.
Nosotros tampoco creemos en sus paranoias apocalípticas, pues, aunque sea un fantasma, presenta evidentes síntomas de senilidad. Esta noche, que hay luna llena, aprovecharemos para entrar en la cuadra y examinar detenidamente qué hay detrás de esa dichosa puerta.



Pablo Milanés - "La puerta"



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