jueves, 29 de septiembre de 2016

La cuentacuentos

Anka Zhuravleva - "Beauty in the boat"


Perderse en el mar puede ser fascinante, reconoció al mirar por el catalejo y descubrir a un pianista tocando sobre las olas. Fue a su encuentro y le echó un cabo. “Voy en busca de consuelo”, le dijo el músico. Le deseó suerte y siguió oteando el horizonte.
Al rato se acercó a recoger algo que flotaba a la deriva. Era una muñeca rubia, sin ojos y con el vestido comido por los peces. “¿De quién eres?”, le preguntó. Lloró un mar de lágrimas de pepona consentida, indignada por las burlas de los albatros. “Sólo quiero un poco de té”, se atrevió a gritar antes de que la arrojara por la borda.
Encendió el farol. Era la hora de los cuentos y había empezado a reunirse su público.
Todas las noches deja que el viento del sur se los acerque y ella les recita las historias que pesca durante el día. Arrullados por las olas, se van durmiendo y consigue que sueñen con hadas, piratas y niños que viven en casas sin agujeros. Bajo las estrellas, el espíritu del mar los arropa y no deja que nadie moleste a sus refugiados.



Jorge Drexler - "Al otro lado del río"

8 comentarios :

  1. Respuestas
    1. Muchas gracias, Javier. Se me parte el alma pensando en los niños que, buscando refugio, se quedaron en el mar.
      Un abrazo.

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  2. Esto es muy bonito, aunque admito que no lo comprendo del todo; quizá por eso y por las imágenes tan bellas que sugiere me gusta tanto. Lo he leído ya 5 veces y sigo teniendo dudas. Enhorabuena.

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    1. Así soy yo, incomprensible... Muchas gracias por pasarte por aquí, Sergi.

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  3. Precioso relato, Patricia. Ojalá no hubiera niños cruzando el mar y arriesgando sus vidas. Y ojalá encuentren el consuelo de una buena contadora de historias mágicas.

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    1. Gracias, Carmen. Ojalá algún día este relato sea incomprensible de verdad para los que nos llamamos seres humanos.

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    2. El mar de los peces dormidos necesitaba una pescadora de cuentos como tú para que los refugiase.

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    3. Muchas gracias, Manuel. Sólo hay que echar las redes para pescar historias que deben ser contadas, aunque haya oídos que no las quieran escuchar.

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