jueves, 22 de septiembre de 2016

La hechicera

Fotografía de Ferdinando Scianna


Nada más nacer, sus padres, al ver cómo le brillaban los ojos, supieron que era única y la llamaron Mónica.
Nunca fue como las demás niñas del pueblo. Mientras las otras saltaban a la comba, ella leía a Lovecraft y, cuando todas dejaron de crecer, siguió estirándose para alcanzar la luna. A los chicos les daba miedo y nunca tuvo un novio con el que perderse de noche en el saso. A cambio, aprendió el lenguaje secreto de los cuervos, sus hermanos y confidentes.
Cuando todos acataron la orden de abandonar sus casas, ella se quedó. No temía ni a los hombres de verde ni al eco del viento que aullaba en la plaza desierta la palabra pantano.
Los que se fueron dieron cuerda al reloj y se olvidaron de ella, de cómo graznan los cuervos al atardecer y de cómo les contestan, descaradas, las ranas.
Mónica paró el tiempo, allí, al arrullo de la hiedra que trepa por las piedras y que le hace compañía mientras canturrea la salmodia que le enseñaron los cuervos... para mantener el hechizo que obliga a la Vía Láctea a seguir brillando sobre las tejas.



Natalia Lafourcade & Ismael Daniels - "Mujer divina"

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