jueves, 27 de octubre de 2016

La chica perfecta

Nelson Evans - "Mary Pickford"


Quiso organizar ella sola nuestra primera cita y la dejé hacer. La música era maravillosa: contrabajo, ritmo de escobillas en la batería y golpes de xilófono. Me había advertido que le duraban poco los hombres y entonces descubrí por qué. En cuanto la vi entrar sonriendo con su carita de ángel, enfundada en un vestido plateado, y vino a cantarme al oído, comprendí que el cuchillo cebollero no era para cortar la cuerda que me ataba a la silla.  



Kat Edmonson - "Oh my love"

jueves, 20 de octubre de 2016

La chivata



Me giro y allí, detrás de mí, está ella, sonriendo y con la misma ropa con la que la enterramos hace diez años.
No me ha sorprendido; era un buen abrigo, largo, de lana escocesa y cuello de marta cibelina. Una prenda para toda la eternidad, decía mi abuela cuando alguna clienta se lo probaba. Pero nunca lo vendió y se pasó de moda sobre el cuerpo de una maniquí que tenía la misma cara de mala que Marlene Dietrich.
¿Que por qué la enterramos? Porque nos vigilaba y consiguió establecer un código secreto con la abuela para chivarse de nuestras travesuras. Unas monedas de la caja registradora, escarabajos en los bolsillos de las batas de boatiné… cosillas de las que nunca salíamos indemnes bajo la sombra de su pérfida sonrisa.
Juramos venganza y una noche, simulando un robo, nos la llevamos y la enterramos en la fosa común del cementerio, junto a los soldados sin nombre por los que tanto rezaba la abuela.
Hoy el director del laboratorio me ha llamado para preguntarme por la contabilidad, que no cuadra. Le he explicado que los productos para el análisis de ADN son muy caros y las subvenciones para la recuperación de la Memoria Histórica, escasas. Nada podía incriminarme pero, en cuanto ha comenzado a silbar “Lili Marleen”, he comprendido que había sido delatado.



Marlene Dietrich - "Lili Marleen"

jueves, 6 de octubre de 2016

Monstruosidades

Jaimie Baldridge - "Lost telegraphic"



Me asomo a la cara oculta de la luna y descubro, estupefacta, parte de mí misma escondida en el reflejo de un ser sobrenatural.
¿Maldad o locura?
Al monstruo tendré que diseccionar...

Sí, he creado un monstruo. Debería estar consternada, pero es que es entrañable y, aunque su sombra es oscura como ala de cuervo, me hace reír.
A mi monstruo le brillan tanto los ojos que atrae a ingenuas polillas, que, cegadas, se pierden dentro del agujero negro de su mirada.
De mi monstruo hay que apartarse cuando se enfada. Pero, con un caramelo de limón, los ojos se le tiñen de amarillo y vuelve a salir el sol.
Mi monstruo lleva chistera. De ella no salen conejos ni palomas; guarda unos polvos mágicos con los que transforma en alfombras voladoras las piedras.
A mi monstruo le cuelga del hombro una mochila repleta de sensatez. Yo le meto hadas que trepan por sus orejas, le despeinan y le hacen enfurecer.
Mi monstruo es muy fiero y valiente. Sólo con el resplandor de la suya espada ahuyenta gigantes, dragones y mis fantasmas.

Pero mi monstruo no es mío; tropecé con él un amanecer. Me invitó a pasear en su barca, sin malicia para adivinar que una merluza que vuela con escoba no puede ser de fiar. Ahora pasa los días enviando telegramas a los pájaros que anidan en mi cabeza, esperando que me compadezca y lo devuelva a su hogar, donde le echan de menos la luna y todas las sirenas del mar.



Chantal Chamberland - "La mer"