jueves, 20 de octubre de 2016

La chivata



Me giro y allí, detrás de mí, está ella, sonriendo y con la misma ropa con la que la enterramos hace diez años.
No me ha sorprendido; era un buen abrigo, largo, de lana escocesa y cuello de marta cibelina. Una prenda para toda la eternidad, decía mi abuela cuando alguna clienta se lo probaba. Pero nunca lo vendió y se pasó de moda sobre el cuerpo de una maniquí que tenía la misma cara de mala que Marlene Dietrich.
¿Que por qué la enterramos? Porque nos vigilaba y consiguió establecer un código secreto con la abuela para chivarse de nuestras travesuras. Unas monedas de la caja registradora, escarabajos en los bolsillos de las batas de boatiné… cosillas de las que nunca salíamos indemnes bajo la sombra de su pérfida sonrisa.
Juramos venganza y una noche, simulando un robo, nos la llevamos y la enterramos en la fosa común del cementerio, junto a los soldados sin nombre por los que tanto rezaba la abuela.
Hoy el director del laboratorio me ha llamado para preguntarme por la contabilidad, que no cuadra. Le he explicado que los productos para el análisis de ADN son muy caros y las subvenciones para la recuperación de la Memoria Histórica, escasas. Nada podía incriminarme pero, en cuanto ha comenzado a silbar “Lili Marleen”, he comprendido que había sido delatado.



Marlene Dietrich - "Lili Marleen"

No hay comentarios :

Publicar un comentario