jueves, 28 de diciembre de 2017

Mala hija


Mamá, papá, me han robado el nombre. Sí, no es un cuento, me ha pasado de verdad.
Sé que fue un atrevimiento apropiarme de su nombre, Mrs. Highsmith, y de su querida ciudad, Mr. Poe, pero sus letras circulan por mi sistema inmunitario desde siempre y gracias a ellas he vencido miedos y fantasmas. No podía tener otro.
Es verdad que tenéis más hijos que San Luis y comprendo que estéis hartos de tanto bastardo, pero la venganza ha sido muy cruel.
Hace unos días asistí al acto de presentación de un libro de relatos que incluía uno mío que obtuvo un accésit el año pasado en un concurso de mi ciudad. Entonces no lo conté. Me hizo tan feliz que me lo guardé para mí. Sí, soy muy rara (he salido a ti, mamá).
El acto era doble. Primero se leyó el fallo del concurso de este año y después se entregó el libro del año anterior a los autores publicados en él. Y no me llamaron. Ahí me quedé, aplaudiendo a los demás y sin libro…
Fue una jugada maestra, digna de la trama de una de tus novelas, mamá: en el índice-presentación del libro, mi relato se atribuía a otra persona. Por más que protesté y aseguré que ese relato era mío, no me hicieron ni caso. La invitación no me había llegado por el libro sino porque había participado también en el concurso de este año.
¿Quién era esa persona usurpadora? Pregunté y no estaba presente ni nadie la conocía. ¿Estaba soñando? Ni siquiera me hicieron caso cuando intervino una miembro del jurado, que estaba ahí y me recordaba. Unos días después me llamaron para pedirme disculpas, pues todo se había aclarado, y me aseguraron que los libros que quedan se van a rectificar para que el otro nombre no aparezca nevermore.
Gracias, papá, mamá. Yo sabía que no sois tan malos y que vosotros lo arreglaríais. Al fin y al cabo, soy tan patética que, de haberme conocido, me habríais adoptado.
Os prometo que voy a intentar escribir mejor para que no volváis a cambiarme por otra. ¿Sabéis? En el concurso de este año he quedado segunda.
Vuestra hija, que os quiere,
Patricia Richmond


Coti & Julieta Venegas - "Tu nombre"

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Comando J

Qué bien sienta reírse un rato... "Relato imposible" del programa Escúchate 
de Aragón Radio (13/12/2017) (AQUÍ, a partir min. 5)


Salir de San Petersburgo no había sido fácil. Los registros e interrogatorios eran constantes y cualquier movimiento sospechoso podía echar por tierra nuestros planes. Era una misión peligrosa, pero saber que con esos papeles podía salvar del horror  a miles de personas, me dio valor.
Llegué a Moscú, tomé el Transiberiano y localicé al director de la banda. Estaba con sus hombres en el vagón restaurante, entonando soporíferas baladas militares. Nadie me vio birlarle el maletín que había olvidado en un rincón. Estaba cerrado con llave.
En una mesa, una anciana despachaba su correspondencia. Le pedí prestado un abrecartas y forcé la cerradura para cambiar su contenido por los folios que iban a provocar una revolución. A medianoche mis páginas fueron repartidas entre sus hombres y, al llegar a Vladivostok, Aragón ya era la más famosa y la Jota de la Dolores, lo mejor del repertorio del aburrido Coro del Ejército Rojo.



Coro del Ejército Rojo - "Jota de la Dolores"

jueves, 14 de diciembre de 2017

Cuenta atrás



Mi relato Cuenta atrás ha sido publicado en el número 4 de la prestigiosísima revista El Callejón de las Once Esquinas.
¿Qué puedo decir? Pues… que sí, que lo prometo, que no volveré a escribir un cuento de ciencia ficción… Pero es que, cuando se me mete una historia en la cabeza, me taladra el cerebelo y tengo que escribirla para que vuelva la paz a mi interior. Aunque, a veces, me da la sensación de que no me picotean los argumentos sino la gallina que vive allí adentro.
En fin, a pesar de todo, espero que os guste y que os produzca, al menos, una sonrisilla al final… aunque es pavor lo que debería motivar. No os cuento nada más para que vayáis de cabeza a la página 153, a la que me ha desterrado la tiquismiquis de la directora del Callejón.  
Además, en este número podréis leer relatos magníficos de todos los temas y géneros, llegados de esquinas tan alejadas como Colombia, Perú, Venezuela, Chile, México y Cuba, junto a un puñadico de cuentos recogidos por todos los rincones de España y, por supuesto, de Aragón. 
Pasad y leed despacio, el próximo número no saldrá hasta marzo.



jueves, 23 de noviembre de 2017

Alma cándida


Warkick Goble


¿Oyes los tambores? Son del bosque furtivo; advierte a sus criaturas que va a borrar el camino del olvido y, si no regresas a tiempo, te quedarás en este lado para siempre. Vagarás por la senda de los remordimientos, sin llegar nunca al final, allí donde enterraste mis mortajas. Creo.


Carmen París - "Cuerpo triste"


jueves, 16 de noviembre de 2017

De guardia

 Imagen tomada de la web de Alberto Chimal


Dicen que el único que lo vio llegar aquella madrugada fue David, el de la panadería. Estaba metiendo una bandeja de bollos de crema en el horno cuando le llamó la atención una sombra  que se deslizaba junto al escaparate de su tienda. Salió a la calle y sólo vio a un viejo decrépito que se arrastraba sobre unas muletas.
Por la mañana, Jorge, el portero de la finca, se lo encontró sentado en los escalones del portal. Intentó ahuyentarlo, le amenazó, le insultó, le pegó, pero no se movió ni un centímetro. Los primeros vecinos que se lo encontraron, al salir a trabajar, también le recriminaron su presencia y le dieron empujones y alguna patada, pero él, sin abrir la boca, siguió mirando al frente, como si no ocurriese nada a su alrededor.
Cuando llegó la hora de ir al colegio, los chiquillos se rieron de él, le llamaron piojoso y le quitaron las muletas. Jorge les riñó, las recuperó  y se las dejó apoyadas en la pared porque, aunque bruto, era un tipo bondadoso.
Las vecinas salieron, como todos los días, a hacer la compra y le conminaron a cambiar de sitio porque aquella era una casa decente y él olía a mugre mezclada con vino.  La señora María, la viuda del abogado, al volver de la panadería, le ofreció un bollo de crema, pero él lo rechazó.
Ahí pasó toda la mañana y toda la tarde, sin que nadie fuera capaz de hacer que se levantara, ni siquiera don Fernando, el profesor, que se sentó junto a él e intentó sin éxito que le contara el porqué de su ocupación de las escaleras de la casa.
A la hora de cenar, Pedrito, el hijo bala perdida de los ancianos del sexto derecha, se paró frente al portal. Regresaba a casa, sin avisar, después de haber pasado cinco años en la cárcel provincial.  Pasó junto al mendigo y, sin cruzar ni una palabra con él, subió directamente a la azotea del edificio y se tiró.
Los sanitarios que acudieron a socorrerlo certificaron que había muerto en el acto. Nadie reparó en qué momento el viejo había abandonado el lugar. De él sólo quedaron las muletas, apoyadas en la pared.
Yo fui la única que lo vio todo desde la ventana de la cocina y nadie me creyó cuando conté que el pordiosero se había levantado sin dificultad y, convertido en una sombra, se había ido sin mirar el cuerpo de Pedro. 



Josh Rouse - "Quiet town"