miércoles, 4 de enero de 2017

El Año de la Profecía

EL COLECTIVO MICROPROFECÍA PRESENTA


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Con mucha emoción os presento “El Año de la Profecía”, una novela colectiva escrita en Twitter, a base de tuits diarios, durante todo el año 2016. Comenzó el 1 de enero y se terminó el 31 de diciembre.

Confieso que fui yo la que montó este tinglado. Lancé el anzuelo y me escondí en la cuenta @MicroProfecía (aunque me descubrieron enseguida) para tener más libertad a la hora de rechazar tuits o incluir los míos y para que nadie se sintiera obligado a seguirme en esta locura. No di indicaciones sobre el argumento ni lo promocioné en las redes. Simplemente dejé que siguiera el curso que marcara el azar.
Y el azar nos ha guiado por una historia de fantasía, atravesando sinuosos escenarios hasta un final que ni yo misma sospechaba.
Nada hubiera sido posible sin los amigos que se enrolaron en esta aventura. ¡Gracias! Me habéis hecho pasar un año increíble. La emoción diaria de revisar lo escrito, de improvisar cuando no había nada, de buscar wifi desesperadamente durante mis vacaciones por las montañas de los Pirineos, me ha deparado momentos hilarantes.
Mis gracias son para todos porque cada uno de los 366 tuits que conforman la historia de “El Año de la Profecía” es imprescindible. También los dos que se han perdido al borrar su cuenta uno de los participantes, pero en la publicación digital están todos, organizados en capítulos mensuales.
Comencé yo sola la aventura, alternando la cuenta @MicroProfecía con la mía personal. El 9 de enero llegó el primer tuit ajeno, de la mano de mi admirado George Kaplan. Con él inicié el recorrido por la Senda Oscura y se nos fueron uniendo tímidamente otros tuiteros.
En febrero, desembarcaron dos importantísimos colaboradores: Leire Frex y Plinio el Bizco. Ambos han dejado momentos memorables en la historia. A Leire le debemos la creación de unos personajes que se van a quedar para siempre en nuestro recuerdo: los Drembors, unos mágicos seres de luz, y Lexyerer, el taxidermista. Y Plinio nos ha maravillado con su conocimiento de Historia Antigua y Mitología, además de su satírico sentido del humor. ¡Qué risas en mi casa, Plinio! Echad un vistazo a los 769 tuits que se escribieron en total y que están guardados como “Me gusta” en la cuenta, buscad los de Plinio y me comprenderéis.
En abril nos acompañaron brevemente un puñadico de buenos amigos tuiteros y enrolamos en nuestra tripulación a otros dos de nuestros autores esenciales: Héctor Núñez y Silvina Palmiero. Héctor dio un elegante y sobrio estilo a la historia gracias a su maravillosa prosa poética que elevó el tono profético de la narración, pues de eso se estaba tratando, de realizar una misión misteriosa escondida en una profecía que íbamos descifrando. Y Silvina… ¡Grande, Silvina! Con la autoridad del general de un ejército de sombras nos guió por escenarios sorprendentes y contribuyó, al meternos en un volcán, al descubrimiento de un lugar fascinante, la ciudad de Tenebria.
Allí se desató la fuerza creativa de un autor deslumbrante: Roman Raskolnikov. Roman, quienquiera que seas (no has contestado a mis mensajes), has de saber que soy tu rendida admiradora. Se nos había unido en marzo, pero, al entrar en Tenebria, tomó posesión de la ciudad y se convirtió en su cronista oficial. Dejó de seguirnos y se perdió para siempre entre las calles abandonadas del lugar maravilloso que él nos descubrió. Asombrada y fascinada por lo que escribía, recopilé sus tuits en las hermosas “Crónicas de Tenebria”, que podéis leer al final del libro y que están recogidos en “Momentos” de Twitter. Al darles forma, me di cuenta de que los bellos tuits sin utilizar de Héctor también podían crear una historia en forma de poema. Así surgió “El Canto Triste de las Sombras”, con el que finaliza la publicación.
En octubre se nos unió Damaris Gasson, la Dama, cuya imaginación y energía nos impulsó a seguir dando giros a la historia de forma extraordinaria. ¡Intrépida, Damaris, sin miedo a nada!
Nos hubiéramos quedado para siempre en Tenebria, lo sé, pero llegamos a diciembre y había que acabar la novela. No tenía ni idea de cómo terminar y, entre todos, sin ponernos de acuerdo, cerramos la incógnita sobre lo que escondía la profecía y nos fuimos a casa.
Tengo que confesar que cuando leí la historia completa de un tirón me quedé pasmada. Jamás pensé que una historia escrita entre 18 personas de diferentes edades y nacionalidades (España, México, Argentina, Venezuela…), sin ningún esquema previo, pudiera quedar tan bien.
Empecé este proyecto como una más de mis locuras, sin ninguna confianza en sacarlo adelante, y no lo “he acabado”, lo “hemos acabado” de forma dignísima gracias a la ilusión que dirigió nuestros pasos hasta el final.
Os echo de menos, chicos, sobre todo cuando llegan las nueve de la noche y no tengo Profecía que cuidar. Esta novela es vuestra y vuestros son el Caballero, Esmeralda y Ainara, la Tuerta, (por cierto, nunca expliqué que Ainara significa golondrina en euskera, la lengua del País Vasco). Vuestra es Tenebria, la ciudad fundada por los rebeldes que escaparon del infierno. Sed libres de seguir escribiendo sobre este universo.



La banda sonora de la Profecía

Luar Na Lubre - "Ecos do Alén"
 

4 comentarios :

  1. Personalmente pienso que las redes e internet ofrecen oportunidades para hacer las cosas de otro modo, y también escribir. Me alegro por el proyecto, por el éxito del experimento, porque... lo has disfrutado o eso trasmites.
    Felicidades!!

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    1. Gracias, Luisa. Como dices, las redes permiten conocer a personas con inquietudes similares y lanzarse a realizar proyectos imposibles de otra forma. Personalmente, aún no termino de creérmelo.

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  2. Eres muy amable Patricia, pero el mérito es tuyo que como directora de orquesta nos has llevado ordenadamente “como p. por rastrojo" tras un nebuloso horizonte. Te confieso que también echo en falta algo de evasión profética.
    Enhorabuena!!!
    Un abrazo

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    1. Muchas gracias por pasarte, Plinio. Me emocionó mucho que te unieras a este locurón y he aprendido mucho buscando referencias sobre lo que nos escribías.
      Un abrazo muy fuerte.

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