jueves, 16 de febrero de 2017

Esperando a la mujer de negro

 Fotografía de Lee Jeffries


Todas las noches abre la puerta, despacio, como pidiendo permiso. El lamento del óxido nos avisa de su llegada y nos asomamos a saludarla.
—¿Cómo está, señora? ¿Tuvo suerte hoy?
Lleva tanto tiempo viniendo que le hemos cogido cariño y nos gustaría ayudarla, pero no podemos. Dejamos que pasee, sin molestarla, hasta que se cansa. Entonces se sienta sobre alguna de las losas y llora.
No recuerda su nombre. Hace tanto tiempo que no lo escucha, que lo ha olvidado. Ella sólo quiere descansar, pero no sabe dónde. Cada noche recorre el cementerio, lee las inscripciones de las tumbas y no se reconoce en ninguna.
Resignada, al alba, se marcha. Vuelve a casa, toma asiento en su mecedora y espera. 



Amélie-Les-Crayons - "Voyager léger"

jueves, 9 de febrero de 2017

El fotógrafo minutero

D. Ángel Cordero, fotógrafo minutero de Zaragoza, junto a la Lonja, donde fotograf a centenares de personas de 1925 a 1978.  

Sé que no vas a creerme. Era un caballito de bronce, como los de cartón que usaban los antiguos fotógrafos, y brillaba, majestuoso, a la luz de las farolas. Monté sobre él, sí; sentí un fogonazo en la cara, sí; pero eso no explica que, al volver a casa, después de visitar esa ciudad por primera vez, me esperara en el buzón una foto mía, de niño, a lomos de un caballito, con la leyenda “Recuerdo de Zaragoza”.


Fotografías tomadas del proyecto "Caballito de la Lonja": http://caballitodelalonja.blogspot.com.es/


Bishop Allen - "Click, click, click, click"

jueves, 2 de febrero de 2017

El viaje de las palabras

Nicholas Scarpinato - "The Keepers"


¿Dónde se esconden las palabras? Por mi trabajo he conocido a muchos que, aunque corrieron tras ellas, no supieron descifrar el mensaje oculto que las guía.
Aquel muchacho tímido era diferente. Pasaba horas en la biblioteca, con la nariz sumergida en tomos antiguos y un brillo en los ojos que me atrapó. Desde el mostrador le veía tomar notas, trazar mapas y consultar, a cada momento, el reloj.
Una mañana vino a despedirse. Había descubierto la ruta por la que el tiempo arrastra, segundo a segundo, las palabras que no se dejan escribir.
Le pedí que tuviera cuidado con las trampas del destino mientras le entregaba un paquete que tenía preparado para él y que nunca me había atrevido a confiarle: contenía un reloj de pulsera. Llevaba mi retrato, le expliqué, para que recordara a dónde debía volver. A mí solo me quedó de él su fantasma en una foto que, con el tiempo, se tiñó de sepia.
Y volvió, pero yo ya no estaba allí. Se sentó en su mesa de siempre, contempló el reloj y pidió ayuda al destino, que se plantó ante él poniéndole en bandeja la sonrisa de la nueva bibliotecaria, mi sobrina, al reconocer el reloj que tantas veces le había descrito.
Os dejo, un viajero está llamando a mi puerta. Viene a entregarme las palabras que robó al tiempo… todas, para mí.


Este relato fue mi aportación al concurso de la Biblioteca Nacional para escribir la historia que se encerraba en este spot