jueves, 16 de marzo de 2017

Las manos de Ivy


Fotografía de Anna O


Siempre estaban heladas. Había probado con guantes de cuero, de lana y hasta de neopreno, pero no conseguía que entraran en calor.
Aunque estaba advertida para que no lo hiciera, una mañana, al amanecer, las asomó por la ventana. Sintió la tibieza que había olvidado y dejó que los rayos de sol le hicieran cosquillas. Rió. La hiedra que trepaba por la fachada, al escucharla, se enredó en sus muñecas para susurrarle los secretos del jardín.
Nunca más ha vuelto a verse a la niña Ivy, mi única amiga. He guardado en un cajón los pares de guantes con los que intentaba mitigar su frialdad, por si algún día regresa. Pero presiento que no lo hará porque, cuando riego el jardín y me acerco a la hiedra, el rumor de las hojas eriza mi piel, como lo hacía su risa justo antes de aparecer.  



KT Tunstall - "Yellow flower" 




Este relato ha sido incluido en la antología digital "Cuerpos Rotos", de la editorial Bitácora de Vuelos.

Puedes leerla en línea o descargarla en epub: aquí.

2 comentarios :

  1. Patricia, lo primero felicitarte por la publicación de este relato en esa antología digital.
    Me ha gustado que ese espíritu frío de Ivy haya encontrado su lugar entre las hojas de la hiedra, y escuchar ese rumor que eriza la piel, esa risa que pienso que es de felicidad.
    Besos con sabor a castañas asadas.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, Javier. Unos ganan, otros pierden... así es la vida,nos obliga a seguir buscando nuestro camino y a guardar los guantes en el cajón, por si acaso.
      Abracicos.

      Eliminar