jueves, 25 de mayo de 2017

El extraño caso del manuscrito que vino de Arkham

Ilustración de Benjamin Lacombe


No era propio de Lord Durand saltarse el té. La señora Wollstonecraft, el ama de llaves,  acudió a la sala donde solía encerrarse a leer. Llamó, abrió la puerta e, inmediatamente, la cerró con doble vuelta de llave. Todavía hoy sigue negando la existencia de una biblioteca en la mansión.  


Leiva - "Miedo"
http://www.cincuentapalabras.com/2016/12/sanitarium.html


Escrito para cincuentapalabras.com

jueves, 18 de mayo de 2017

La muñeca de mamá

Julie Blackmon - "Hair"


Todavía la conservo. Fue un regalo de mi padre cuando nos quedamos solos, sin mamá. Su muerte, tan impredecible, tan inexplicable para todos, nos dejó sumidos en una tristeza que se contagió a la casa. El jardín se secó, los gorriones dejaron de venir a cantar a la ventana de la cocina y la luz del sol se parapetó detrás de las cortinas.
Aunque él no me lo reveló, yo conocía el secreto de la muñeca: su pelo era el de mamá. Lo sabía porque era del mismo color que el suyo, olía igual y, la tarde que la trajeron a casa para preparar el funeral, vi, escondida detrás de la puerta, como él le cortaba un mechón. La abuela y las tías la vistieron con una túnica blanca y la cubrieron con pétalos de rosas. Estaba muy guapa mi mamá dentro de su ataúd.
Pasé muchas tardes, al volver del colegio, peinando a la muñeca. Le cepillaba el pelo con mucho cuidado, tal como lo hacía mi madre conmigo antes de dormir, y le contaba la historia de la niña que vio cómo su madre se lanzaba por el acantilado.
Esa fue la explicación del policía que vino aquella noche en que todos la buscaban. Se lo repetí a la muñeca cientos de veces, siempre del mismo modo, con las mismas palabras, para convencerla de que esa era la verdad. No importaba lo que yo había visto antes de que viniera el policía; eso no era lo que había contemplado la niña del cuento cuya madre no se escapó para irse con el tío Alberto ni había hecho llorar a papá por no querer regresar a casa.
Nunca me atreví a contárselo a la muñeca: no lo hubiera entendido... como mamá.
 



Antje Duvekot - "Four stitches"

jueves, 11 de mayo de 2017

El hombre que hizo bailar a su sombra

Alessandra Distefano - "Jazz on the road"


El dolor le había estado rondando todo el día. Ignorarlo no había servido para escapar de él, como otras veces, y la siguiente descarga le advirtió que no iba a ser capaz de llegar a casa.
Se agarró, encogido, a una farola y dejó caer el estuche que ya no tenía fuerzas para transportar. Su propia sombra le saludó desde el muro de un caserón apuntalado. Vio cómo subía por los andamios y se perdía en el tejado; hasta ella le abandonaba.
Pensó en el tiempo que le quedaba. Un rostro que guardaba escondido en el fondo de su cabeza apareció ante él, retándole. Sacó el móvil del bolsillo y buscó su número. Sí, no estaría mal hacer virutas con la sensatez antes de cerrar la puerta.
Pulsó el botón y dejó que el aparato marcara mientras recogía el estuche. Lo abrió, acarició el saxofón y comenzó a tocar para ella en cuanto escuchó su voz. Desde un rincón oscuro alguien que le observaba vio cómo la sombra regresaba junto a él y bailaba al ritmo de sus notas. Sonrió complacido y se alejó.
Yo lo vi todo desde un andamio y, desde entonces, guardo el secreto: en el lugar indicado, a la hora señalada, te espera el narrador de tu historia; no le dejes sin argumentos para seguir escribiendo.



Jorge Pardo - "La historia de un amor"

jueves, 4 de mayo de 2017

Patricia


Natalie Shau - "Desolation"
 

Se llamaba como yo.
La estuvieron buscando durante mucho tiempo. Recorrieron la carretera, registraron el bosque, rastrearon el río, pero no apareció.
Su sonrisa iluminaba los días grises, dicen los ancianos cuando alguno la recuerda a mitad de partida de dominó. El cartero suspira cuando llegan cartas a su nombre y Orosia, la tendera, llora quitando el polvo de las cajas de té verde que ya nadie compra.
Los niños saltan de sus asientos cuando se abre la puerta del aula inesperadamente, por si es ella. Todos tienen preparado lo que quieren contarle, lo que han aprendido, lo soso que es el maestro sustituto, lo que la añoran.
Acaban de encontrarla en una borda abandonada, allá, donde los prados altos, perfectamente descuartizada. Sólo falta el corazón; se lo llevó el lobo como trofeo.
Soy la única capaz de ayudar a los investigadores. Sólo yo vi la cara del culpable, pero no entienden mis indicaciones para dibujar su retrato robot.
Para mí se ha convertido en asunto personal y, por eso, no descansaré hasta encontrarle: porque me llamo como ella, la eternidad es mía y no tengo corazón. 



Melody Gardot - "Your heart is as black as night"