jueves, 18 de mayo de 2017

La muñeca de mamá

Julie Blackmon - "Hair"


Todavía la conservo. Fue un regalo de mi padre cuando nos quedamos solos, sin mamá. Su muerte, tan impredecible, tan inexplicable para todos, nos dejó sumidos en una tristeza que se contagió a la casa. El jardín se secó, los gorriones dejaron de venir a cantar a la ventana de la cocina y la luz del sol se parapetó detrás de las cortinas.
Aunque él no me lo reveló, yo conocía el secreto de la muñeca: su pelo era el de mamá. Lo sabía porque era del mismo color que el suyo, olía igual y, la tarde que la trajeron a casa para preparar el funeral, vi, escondida detrás de la puerta, como él le cortaba un mechón. La abuela y las tías la vistieron con una túnica blanca y la cubrieron con pétalos de rosas. Estaba muy guapa mi mamá dentro de su ataúd.
Pasé muchas tardes, al volver del colegio, peinando a la muñeca. Le cepillaba el pelo con mucho cuidado, tal como lo hacía mi madre conmigo antes de dormir, y le contaba la historia de la niña que vio cómo su madre se lanzaba por el acantilado.
Esa fue la explicación del policía que vino aquella noche en que todos la buscaban. Se lo repetí a la muñeca cientos de veces, siempre del mismo modo, con las mismas palabras, para convencerla de que esa era la verdad. No importaba lo que yo había visto antes de que viniera el policía; eso no era lo que había contemplado la niña del cuento cuya madre no se escapó para irse con el tío Alberto ni había hecho llorar a papá por no querer regresar a casa.
Nunca me atreví a contárselo a la muñeca: no lo hubiera entendido... como mamá.
 



Antje Duvekot - "Four stitches"