jueves, 22 de febrero de 2018

La norma

 Jean François Raffaelli - "Place Saint Augustin"


Todos tienen que entregar su regalo. Es la norma.
En cuanto se percibe la llegada del otoño, la plaza se cierra y sólo está permitido acceder a ella para depositar el tributo. Un funcionario del ayuntamiento, censo en mano, se encarga de registrar las entradas y de urgir a los rezagados.
En dos días, como máximo, todo debe estar preparado. Juramos que la desgracia del día de San Miguel no volvería a repetirse. Aquel año algunos jóvenes se negaron a participar en lo que para ellos era una tradición absurda, cuya única misión consistía en mantener a la población bajo el yugo de un miedo que sólo beneficiaba a un gobierno débil y corrupto. Ellos llegaron antes de lo previsto, antes de que pudiéramos convencer a los rebeldes de que no era posible renegar de la norma. Fue horrible.
No sabemos con certeza cuándo vendrán. Nunca es antes de que las hojas ocres comiencen a caer de los árboles y ha habido años que su llegada ha coincidido con la primera nevada.
Nadie les ha visto. Sus alas rasgan la noche con un terrible sonido. Las luces se apagan, las ventanas se cierran, las puertas se atrancan. Nos tapamos las caras con toallas impregnadas en agua de colonia para resistir su pestilente olor y rezamos.
Por la mañana toca recoger los restos de cajas y envoltorios. La plaza vuelve a abrirse y regresamos a nuestras rutinas como si nada hubiese ocurrido, como si no tuviéramos que empezar a pensar en un nuevo presente para pagar por un año más de vida.



Leonard Cohen - "Hallelujah"

8 comentarios :

  1. Por vivir un año más algunos darían cualquier cosa a los ángeles de la muerte, por mucbo miedo que produzcan. Nos tendríamos que ver en el caso.
    Magia y psicología humanas bien conjugadas.
    Abrazos, grandes

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    1. Tal vez vivir así no merezca mucho la pena. ¿Qué haríamos nosotros?
      Abracicos de vuelta, Ángel.

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  2. ¡Oh, Patricia!, qué atmósfera tan opresiva has creado en este relato tuyo. Imagino a esos seres depravados que acechan a la pobre gente de esta onïrica ciudad. Un tributo cada año, para seguir viviendo. Desazonante te queda el ánimo, al pensar en vivir en un sitio así. Me ha gustado, de verdad. ¡Eres increíble, no paras de sorprenderme! Te mando besos a mogollón.

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    1. Gracias, Carmen. ¿Qué haríamos nosotras? Aunque, tal vez, esos seres misteriosos estén aquí, disfrazados de otra cosa...
      Abrazotes.

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  3. Hola Patricia. Sin saber cómo he aterrizado en tu blog, de vez en cuando me ocurren cosas así.
    He leído este relato y se me ha quedado el corazón en un puño.
    Creo que esos misteriosos seres existen en nuestra sociedad y, tal vez, sin ser conscientes todos pagamos los exigidos tributos.
    Abracicos de una aragonesa viviendo fuera de Aragón.

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    1. Muchas gracias, Ana. Tal vez te interese El Callejón de las Once Esquinas, una revista literaria y digital, hecha en Zaragoza con amigos de todas las nacionalidades. Y si te gusta, ¡mándanos un relato! Un abrazo.

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  4. Mil gracias, Patricia. Sería un honor para mí que se publicase algún escrito mío en una revista de Aragón. Casi me parece un sueño.
    ¿Podría ser una poesía? es que tengo una hecha a mi pueblo, que me gusta mucho. Si no es posible, enviaré algún relato o cuento. Mil gracias!
    Un abrazo.

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    1. Nos dedicamos sólo a la narrativa. Cualquier género, tema libre y 4000 palabras como máximo. Se acaba de abrir la convocatoria para el número de junio, así que tienes tiempo para preparar tu relato tranquila. ¡Hasta el 26 de mayo! En el blog tienes toda la información callejon11esquinas.blogspot.com.

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