jueves, 22 de marzo de 2018

Las Brujas en el Callejón



Cuentan que las Brujas de la Noche se hacían la ropa interior con la seda de los paracaídas de los pilotos nazis que derribaban… Sí, existieron realmente. Fueron un escuadrón de pilotos rusas que se enfrentaron a la aviación alemana, que las bautizó con ese nombre, un mote despectivo, pero con el que han cruzado la frontera del cielo de la memoria para siempre. Volaban de noche y apagaban los motores de sus aviones al acercarse a los campamentos enemigos para no ser oídas y atacar por sorpresa.
Escribí este relato hace cuatro años. Llevaba tiempo dando vueltas a una historia con la que quería expresar la rabia de familiares y amigos que habían sido expulsados de la Escuela de Vuelo sin Motor de Monflorite, en Huesca, en la que llevaban toda su vida volando hasta que la incompetencia de los políticos, u otra cosa que ellos sabrán, la convirtió en un aeropuerto internacional… en el que no hay ninguna actividad. La escuela de vuelo que formó durante casi cien años a pilotos de todo el mundo es ahora un aeropuerto fantasma.
Mientras estaba escribiendo, descubrí una convocatoria de relatos sobre la guerra civil y sus consecuencias en el Pirineo aragonés. Me documenté, pues sabía bastante poco de hechos tan terribles como el bombardeo de Bielsa y el exilio a Francia de miles de habitantes del valle de Pineta, y la idea de mezclar a las famosas Brujas de la Noche con Monflorite y la guerra civil se apoderó de mi cabeza. Mis chicas, Olga e Irina, surgieron cruzando los nombres de cuatro de aquellas valerosas mujeres rusas: Eugenia Zhigulenko, Irina Sebrova, Olga Fetisova y Marina Chechneva.
Escribí de un tirón toda la historia y fue muy divertido. Mi pareja, piloto de vuelo sin motor, iba leyendo las páginas conforme las escupía la impresora y me ayudó a corregir las cuestiones técnicas y, a pesar de sus protestas por mis barbaridades, no le hice ni caso. ¡Qué ataques de risa!
Alguien más me ayudó, una presencia que sentí junto a mí durante todos aquellos días: mi tía abuela Amalia, a la que no conocí, y que huyó a Francia una noche de 1936, tras ser avisada de que iba a ser detenida a causa de su militancia comunista.
Conseguí terminar el relato antes del plazo, lo envié… y gané. La recompensa fue increíble ya que me permitió conocer a unas personas extraordinarias, los miembros y amigos de la Asociación La Bolsa de Bielsa, que incluso me animaron a escribir una novela a partir del relato, pero nunca me he sentido capaz.
Y, señoras y señores, ahora pueden leer la historia de Las Brujas de la Noche en la prestigiosísima revista El Callejón de las Once Esquinas. Espero que os guste al menos un poquito, pero no os quedéis sólo con ella. Leed los magníficos cuentos que dan forma a este número del Callejón: son todos extraordinarios.


Mi relato "Las brujas de la noche", en la página 35.

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